SOCO

  


mi mamá,  “la Nena”

mis memorias personales sobre la vida de

María del Socorro Serrano Moreno 1931-2022

 Hermana Clarisa Capuchina de Santa María de Guadalupe y Santa Coleta

 

Esta recopilación de recuerdos sobre la Hna Socorro la he preparado, en base algunos apuntes de mi propia biografía como hijo legítimo de ella; he querido hacerlo como una muestra de gratitud para la comunidad de Galeana 5, y en particular para todas las hermanas que convivieron tantos años con ella… además, he querido dejar estas constancias, para que pueda servir de apoyo a las hermanas en proceso de discernimiento vocacional.

No soy ningún especialista en el tema, y quizá mi propia experiencia es el ejemplo vivo de lo que nunca se debería hacer, y precisamente por ello, me parece interesante hacer este comentario, la “vocación” no existe, en ningún caso, como un llamado “químicamente” puro y desvinculado de la realidad… resulta siempre de una serie de circunstancias y factores, de entre los cuales, la propia libertad y el libre albedrío, juegan el papel más importante. Sin embargo, la parte más maravillosa es precisamente la forma como el Señor, nos sigue llamando durante toda nuestra vida. No existe un solo instante de nuestra historia personal en el que nuestra vocación no se haga presente…porque el llamado del Señor es dinámico, actuante, poderoso y finalmente exigente.

Hay muchas cosas que podemos elegir, y sobre una elección ya hecha y confirmada, se presentan de nuevo varios caminos nuevos que a su vez darán cabida a opciones nuevas… genéricamente podemos hablar de “vida religiosa”, de “vida ministerial”, de “vida matrimonial” y de vida en “soltería”, pero lo que nos cuesta trabajo entender es que, en cada una de estas opciones o trayectorias personales, existe una multitud de llamados y de oportunidades para encontrar la felicidad. El caso de la hermana Soco, es un ejemplo más, de que Dios siempre sale a nuestro encuentro, en múltiples situaciones, etapas y experiencias.

Hasta aquí dejo este prologo, esperando que en estos renglones encuentren un recuerdo agradable y útil. Empecemos pues, con esta reseña:


 

 

Infancia de María Estela

Para poder entender un poco la personalidad de mi madre, habrá que decir que fue la segunda hija del matrimonio de Don Jesús Cándido Serrano Ramos, y Doña María de Jesús Moreno Sánchez, nació el 31 de Diciembre de 1930 a las 24:15,( o sea el dia 1 de 1 de 31 a las 0:15 hrs) fue bautizada el día 6 del mismo mes, y recibió la 1ª Comunión en esa misma fecha, a los seis años de edad, en el templo de Teresitas.

 


La noche que nació, su mamá estuvo muy grave, las parteras que ayudaban en el alumbramiento estuvieron a punto de perder a la madre por desangrado, y las diligencias fueron tan absorbentes que cuando la señora salió de peligro, no sabían a donde habían dejado a la pequeñita recién nacida, quien yacía muy silenciosamente en un rincón del cuarto, cubierta con una de tantas sabanas tintas en sangre producto de aquella tormentosa noche.

Don Jesús se propuso desde aquel día prestar un particular esmero en evitar que su esposa realizara ninguna actividad física pesada La pequeña Estelita fue entonces objeto de todas las atenciones directas de su padre. Mi tío Jor había nacido dos años antes sin crear problemas a su mamá, sin embargo enfermó del estomaguito desde los primeros meses, así que concentro siempre toda la atención y cuidados de su mamá, de esta manera el hijo fue atendido más por la madre y la hija por el padre.

Desde que estuvo en edad escolar recibió la tutela económica de la familia Ortega-Serralde en especial de la señora doña Mercedes, gracias a quien pudo cursar sus estudios en el Colegio Francés Pasteur, y más tarde estudiar piano.

El colegio llamado Frances Pasteur, fue una de tantas escuelas que el gobierno trató de cerrar en tiempos de la persecución religiosa, las hermanas que atendían este plantel eran religiosas que pertenecían a la congregación de “la Providencia de Gap”, una familia religiosa francesa originaria de la región de los altos Alpes franceses, (fundada el 14 de enero 1872) tienen entre sus apostolados la enseñanza  y la atención a los más desamparados de lo que se deriva a atención a niños abandonados, hospitales y asilos, ellas fueron las primeras en utilizar esos amplios sombreros blancos, que después pusieron de moda las hermanas de la Caridad, para distinguirse de otras religiosas durante la guerra. Durante la persecución religiosa siempre siguieron las instrucciones y recomendaciones de los maristas, una congregación religiosa varonil, de origen francés dedicada a la enseñanza de jóvenes y niños… por lo cual establecieron muchas semejanzas en el estilo de aprendizaje.

En la Ciudad de México los hermanos maristas fundaron en 1902 el colegio de San Luis Gonzaga, que con el tiempo cambió su nombre al de Frances Morelos, y que más tarde cambió su nombre  a “Colegio México” y “Centro Universitario México” para obtener la incorporación oficial, por lo que, para un plantel que atendiera señoritas se utilizó el nombre de “Francés Pasteur”, en honor del científico francés y que entonara con la nomenclatura.

Estela recordaba con gran cariño a sus maestras religiosas entre las que se destacan Madame Teresita, que fue su profesora en 3º de primaria y la madre Regina de la Paz, que fue su maestra de 6º y la directora, de las cuales recibió una influencia muy grande y conservó su amistad por toda la vida, recordemos además que su hermano, Jorge, estudiaba en el Frances Morelos.

Estelita era la niña pequeña de la casa por lo que se le llamó siempre, familiarmente “la Nena”

 

Al terminar estudios comerciales como auxiliar de contabilidad equivalentes a secundaria, comenzó a trabajar, prestando servicios como secretaria en el Banco que dirigía el propio Señor Don Eulalio Ortega, esposo de la señora Mercedes, sus grandes benefactores

En su medio ambiente familiar la figura más importante después de papá y mamá era. obviamente su hermano Jorge, quien le llevaba dos años de edad, a eso se agregaba que el Jor era un chamaco brillante, con excelente estrella, líder en juegos deportes y habilidades y por si fuera poco, con una extraordinaria inteligencia, su padre lo hacía leer a los 3 años todos los anuncios de las calles... y toda su vida fue el niño saca-dieces del Colegio Francés Morelos.

 


 Ella se ufanaba de su hermano, y encontraba en él protección y respeto. Hubo muchos primos y conocidos de la familia que nacieron el mismo año que ella y que compartían a su hermano en juegos y aficiones: entre ellos destacan: Alfonso Moreno, el hijo del tío Francisco, José Luis Medrano, hijo del la tía Lupe. Beto Delgadillo, hijo de la Tía Lolita y Gustavo Tayabas, hijo de la doctora Meches, entrañable amiga de mi abuela.

A los 17 años su padre, don Jesús Cándido fue  a descansar con el Señor, murió víctima de meningitis, a los 50 años de edad. Desde más joven quizá a los 13 años, Estela había conocido a Rodolfo, mi padre, quien la tomaba como una quimérica musa, y al cual además de amar con el fervor y locura de una adolescente, lo trató de convertir en una persona valiosa, desarrollándole la autoestima y una serie de valores que nunca abandonaría. Le enseñó a bañarse con asiduidad, vestirse modestamente bien, un poco a leer y escribir, a rezar, a comportarse con educación, y en general a todas aquellas cosas, modales y prácticas que una hija de familia modesta puede transmitir a su escasa edad a su novio, un joven huérfano recién llegado de la provincia (Pénjamo Guanajuato)... pese a la prohibición paterna.

La boda de María Estela

A los 20 años de edad, el 27 de enero de 1951, ella abandonó la casa y se fue a vivir con él, habiendo para ello malbaratado el piano y hurtado de la casa materna algunas cosas valiosas y dinero de varias personas a quienes se les colocaba para réditos.


 

Casó con él contra la voluntad de su madre y toda la familia el día 6 de mayo de 1951, en el Templo del Carmen, en el centro de la ciudad, con el vestido de novia más barato que se pudo conseguir, gracias a Mello, la prima mayor que vivía en su casa, tal que terminando la misa empezó a descoserse... (esto provocó un terrible malentendido durante la fiesta de bodas ente mi papá y uno de los primos de mi mamá, José Luis Medrano quien fue sorprendido ayudando a su prima a sostener con seguritos el corrientísimo vestido).

Estela estuvo viviendo con mi padre en la colonia Moctezuma hasta que quedó embarazada 4 años más tarde, viviendo esa temporada bajo unas condiciones de enormes carencias materiales y llena de limitaciones, en las que no faltaban las continuas discusiones, amenazas y golpizas.

El regreso a la casa materna

Gracias a los ruegos y advertencias de mi abuela Adelita, en mayo de 1954 abandonó Estela a Rodolfo y regresó a su casa materna. -“Váyase Estela”-, le decía suplicante Adelita, entregándole una “planilla” (boleto) para el camión, porque a este hombre (Rodolfo) se le mete el diablo y un día hasta la va a matar, y ahora usted tiene que cuidar a su bebé... no sea que le dé un mal golpe y se pierda la criatura...”-

La criatura golpeada en el seno materno era yo... El infierno sólo comenzaba, aquella fatídica noche del 18 de mayo de 1954, en que ella huyó para salvar mi vida, sin imaginar que en su casa materna, no le esperaba sino un rechazo absoluto... no era fácil olvidar que para casarse, Estela había robado empeñado o malvendido las pocas cosas de valor que había en la casa de la Viuda de Serrano...

Pero lo más doloroso para mi abuela Chucha no era la pérdida de los bienes materiales sino la transgresión a los principios y a las normas y principios ancestrales:  “el matrimonio es para toda la vida”, y de que “quien apoye o coadyuve a la destrucción de matrimonio, o a la separación de los esposos, se condena irremediablemente, junto con la pareja disoluta... ”

Gimió, lloró y suplicó durante toda la noche en que regresó, para que Doña María de Jesús la admitiera en casa, y de no haber sido por los buenos oficios de Mello quien fue a llamar a un cura del templo de Loreto, frente a la casa, para que interviniese, no habría ocurrido el milagro... El R.P. Ricardo Navascuez, Misionero de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, acudió y estuvo hablando con ellas casi por 8 horas continuas…

Y finalmente se le permitió a Estelita, en medio de alegatos y discusiones sin fin, llenos de condiciones y reproches, entrar a la casa. El Padre Ricardo se encargó de dar seguimiento espiritual a  ese bebé... “el hijo de tantas lagrimas no puede perderse” decía, parafraseando a Santa Mónica, la madre de San Agustín, el maestro de  Hipona, que llegó a ser santo, después de haber tenido un hijo natural a los 17 años. Por ello Navascuez fue mi padrino y mi padre espiritual hasta su muerte.

 

Estela transcurrió aquel embarazo como la peor condena que pudo tener una mortal sobre esta tierra, en medio de la indiferencia, la incomprensión, la desesperanza y la vergüenza, peor que una prostituta madre, peor que una mujer violada en la guerra, peor que una bruja condenada por la inquisición, devanándose entre los principios morales de mi abuela, y el desamor; el orgullo estúpido y el machismo de Rodolfo y la indiferencia general y la frustración más honda y profunda.

Mientras yo me desarrollaba en su seno, ella perdía dramáticamente peso... la única persona que se preocupaba por su salud y por llevarle de comer a la salida del trabajo era Mello ( sí aquella prima de mamá que vivía en la casa). Hasta los 7 meses de gestar, presentó su renuncia laboral en la Cámara, (la institución donde prestaba sus servicios) nadie creía que estuviese embarazada, yo me había ocultado completamente en su vientre, y la angustiosa  situación la habían hecho inclusive reducir su talla. La única esperanza era que regresara por ella su príncipe azul... pero eso jamás sucedió.


Tengo el recuerdo de dos sueños obsesivos que se me presentaban n mi infancia y adolescencia cada vez que tenía altas temperaturas: “las raíces de palmeras” y “el colchón sin fin”. Las palmeras fueron algo que reconocí a los 32 años de edad, de manera conmocionante, durante un recorrido por las obras del metro, una madrugada, precisamente en las inmediaciones de San Lázaro, en el sitio exacto donde Estela debió haber tomado aquel camión urbano que la regresó hacia Loreto aquella noche terrible descubrí que las raíces de unas palmeras desenterradas, eran iguales a los mosntruos que se  presentaban en mi sueño.

Los “colchones devoradores” era la sensación de estar desplazándome en el vacío y hacerme cada vez más pequeño hasta desaparecer, absorbido por un medio acuoso cada vez más viscoso y rígido, asfixiante y compulsivamente inasible, e incontrolable, como una pulguita en un colchón gigantesco que la envuelve hasta convertirla en parte de sí mismo... imagino e interpreto que puede ser mi vida intrauterina, sometido a terribles descargas de hiel y adrenalina, en medio de contracciones violentamente reprimidas y ahogadas en la amargura  y la desolación.

Cuando niño muy pequeño, era notable el estado de ansiedad y la irritación que me provocaba el sonido de los coches, el sonido del claxon como el del “chevrolito” de mi papá, y el simple murmullo de los pleitos y discusiones en la calle. Recuerdo con lujo de detalle durante mis primeros años de vida, cada vez que tenía fiebres, al menos dos veces al año, y aún en la secundaria, las dos pesadillas obsesionantes: “unas raíces de palmera en la oscuridad” y “los colchones devoradores”.

Mi alumbramiento

El día que yo nací fue un martes, Estela y su mamá se disponían según la costumbre a ir a visitar y felicitar a Tlalpan a mi tio Jorge, quien obviamente celebraba ese preciso día su cumpleaños por ser 16 de noviembre. El sábado y domingo anteriores se lo había pasado pintando “a rodilla pelada”, el piso, de color verde, y poniendo unas cortinas verdes y amarillas en honor de San José, para el día cuando yo naciera.

Aquel día no se podía “ni mover” entre los dolores de parto y el cansancio por haber pintado y arreglado la casa en un estado tan avanzado de su gravidez: Un vecino, Don Antonio Hernández, el carpintero que debía numerosos favores ( y prestamos económicos) a las buenas señoras, se ofreció a llevar en su camioneta a Estela al hospital, y de ahí a llevar a Doña Chucha a ver a su hijo Jor, y a regresarla después al hospital.

Nací la mañana del martes 16 de Noviembre de 1954 a las 10 horas en un hospital de la Colonia San Rafael, ubicado en Guillermo Prieto No. 2: mi mamá y mi abuela vivían en las calles de San Ildefonso, en el primer piso del edificio que se encuentra en la esquina del jardín, frente al viejo templo de Loreto, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Estela, cuando me tuvo entre sus manos, lo primero que hizo fue contar que mis deditos estuvieran completos y que mi cráneo no estuviese deforme, debido al pánico que le provocaba el remordimiento de las salvajes patadas recibidas en su vientre nueve meses antes, a continuación formó con los deditos de mi mano la señal de la cruz, pero se equivocó, porque la hizo primero con mi mano izquierda, luego lo hizo con mi otra mano, y me hizo santiguarme, arrastrándome el bracito para hacer la cruz, después perdió la conciencia ya no supo de sí, después comenzó a gritar como loca y a llorar vociferando que “ese  niño era para Dios”.

Cuando ocurrió el parto, ella tuvo que permanecer 8 días en terapia intensiva en el hospital, debido a su deplorable estado físico y su crisis nerviosa. Yo nací físicamente  bien y muy sano, pero enfermo de nostalgia y desamor, con rabia y deseo de venganza abrupta e indescriptible en la sangre, con sabor a hiel en los labios, un color amarillo en mi piel y mi ánimo destrozado.

Evidentemente mi abuelita, la Señora Ma.de Jesús Vda. de Serrano costeó todos los gastos en hospital particular, el cual inclusive contaba con teléfono y un pequeño privado para visitas, características de “súper lujo” en aquella época. Por supuesto, Rodolfo ni siquiera se enteró de que yo había nacido.

Se programó el bautizo para el viernes 19, que se calculaba que Estela pudiera ser dada de alta, sin embargo no fue así, por lo que me llevaron al Sagrario Metropolitano mi mamá grande, mi tio Jorge y el Padre Navascuez, quienes se disputaron toda la vida la función y el compromiso de ser mis padrinos,

Uno quedó en la boleta y otro en la fotografía, el padre Navascuez sostuvo la vela, respondió durante toda la ceremonia en voz fuerte y en latín, y se preocupó toda su vida de velar por mi educación y mi formación cristiana, mi tio Jor permaneció callado pero a la hora que en la notaría parroquial pidieron el nombre del padrino, él se adelantó diciendo en voz alta su nombre, siempre se preocupó durante su vida de estar al pendiente de mí. Recibí el bautismo de manos del presbítero en turno, don Rosendo Rodríguez, el acta fue firmada por el Rdo. Cango.  Ramón García Plaza, así que me convertí en cristiano el día 19 de noviembre de 1954, a las 18 horas en el Sagrario Metropolitano de la Cd. de México, hoy parroquia de la Asunción, anexa a la catedral.

Mi nombre es herencia directa de mi tío Jorge en primer lugar: hermano e hijo respectivamente de mis dos mamás: la Nena y la Grande; Aurelio fue resultado de una promesa hecha por María Estela, a su marido  Rodolfo, en el sentido de que, si algún día llegaban a tener un niño, le pondrían el nombre de su abuelo (el papá de Rodolfo). Y “De Jesús” es por sí mismo una consagración de mi persona al Señor, tal como siempre lo soñó y pregonó María Estela, sin embargo tiene dos connotaciones importantes, en primer lugar por el lado de los Serrano, mi abuelito se llamó Jesús Cándido Serrano, mi bisabuelo Jesús Cosme Serrano, y el tatarabuelo Felipe de Jesús Serrano… habría sido poco probable que permitieran que se perdiera esta tradición, pero, por parte de mi mamá grande, ella era María de Jesús, como que era de esperarse que existiera una huella, aunque fuera en el tercer nombre con una reminiscencia táctica obligada en ese sentido.

Mi nombre corto era Jor, igual que mi tío y para ser específicos, “Jor Chico, el de la Nena”, para diferenciarme de “Jor Grande”. Estela nunca me llamó “mi hijo”, sino “mi niño” o “mi jor”; mi mamá grande jamás me llamó “nieto” ni yo le dije “abuela”, yo era Jor, Jorín o Jorito.

Fui confirmado en la misma Catedral Metropolitana a los dos años de edad. Una amistad de mi abuela, la Srita Jovita Barragán, tenía un conocido suyo que era obispo en su dioécesis, en una visita a México “aprovechó” para llevar a cabo la ceremonia. Por eso mis documentos no aparecían en los registros ordinarios de confirmación, pero finalmente quedaron asentados en la secretaría de la Catedral.

 

Las amigas y amistades de mamá

Quiero recordar en este espacio con particular cariño a las amistades de la “Estelita” de aquel entonces, durante mi infancia y hasta que por diversos motivos, se diluyó de alguna manera, a tres importantísimas personas que no son familiares, pero que compartieron grandes experiencias.

En primer lugar cito a la profesora AURELIA TORRES, esta singular mujer no sólo fue mi profesora en 1959, sino que desde que Estela era una jovencita, ella y mi mamá se hicieron muy amigas, Aurelita era sobrina de la profesora Carlota, familia en la que abundaron los profesores y profesoras, también el papá de Aurelita vivía de esa profesión, ellos procedían de Misantla Veracruz, y vivían en la colonia Moctezuma. Su casa fue demolida cuando se amplió el trazo del eje 1 norte en el curce con Emilio Carranza

 La tía Carlotita, tuvo toda su vida la ilusión de fundar y mantener un colegio, que diera educación de calidad a los niños muy necesitados, de hecho lo logró por algunos años. Cuando yo era alumno, el plantel ocupaba una vieja casona en el centro de la ciudad, por el rumbo de Loreto, con un solo grupo de cada grado, desde prescolar a sexto; la escuela estaba dedicada y llevaba el nombre de un viejo obispo,( hoy recientemente canonizado por el papa Francisco en el 2016) : don Manuel González y García (obispo de Málaga y Palencia, fundador de la Unión  Eucarística Reparadora, fallecido en 1940…).

La señoríta Carlota tenía una plaza como directora en la SEP, y con su sueldo se ayudaba para poder mantener la escuela. Las rentas y las bajas colegiaturas asi como el afán de sobrevivir, enviaron la escuela a la colonia Iztaccihuatl, donde estuvo varios años y finalmente fue a instalarse al pedregal de Santa Úrsula, ocupando un predio irregular, motivo por el que la escuela fue desalojada y Carlotita se quedó con una pequeñísima propiedad que abarcaba dos cuartos y el espacio para una vaca, ahí falleció la señorita Carlota…

Carlotita era una gran amiga de mi abuela, y por lo tanto existió una gran oportunidad para que hicieran una entrañable amistad Aurelita y mi mamá. Aurelia era la mayor de una familia de cinco hermanos, de los cuales solo ella era mujer, motivo por el cual, su padre le confió su educación y cuidado a su hermana… así que Carlotita y Aurelita vivían juntas y frecuentaban a la señora Serrano y a su hija…

Carlotita siempre propuso a Estelita como ejemplo para muchas cosas de la vida proctica a su sobrina  Aurelita, asi que las dos señoritas coincidían en ropa, zapatos, peinados, clases de piano y todas esas cosas que entusiasmaban a esas jovencitas, Aurelia estudió evidentemente para maestra normalista y su primer año al terminar sus estudios, fue en la escuela de su tia, quedando a cargo del primer grado, donde yo fui su alumno estelar… yo recuerdo que durante grandes temporadas, ellas nos visitaban todas las tardes.

Más tarde la maestra se casó y tuvo dos niños, y toda su vida se desempeñó como profesora de educación primaria.

En segundo lugar, Los señores Ortega. El primer trabajo de mi mamá, al salir de la escuela comercial, equivalente a secundaria, fue con el Licenciado don Eulalio Ortega, recordemos que su querida esposa, doña Mercedes Serralde de Ortega era la nietecita de don Francisco González Bocanegra, que fue el autor de los versos originales del nuestro Himno, un gran poeta, escritor y crítico en su época; pues esta señora, durante el tiempo de la persecución religiosa, se comprometió a financiar todos los gastos escolares de Estelita y gracias a los señores Ortega, pudo estudiar en el Francés Pasteur… Los Ortega, le ofrecieron trabajo a mi mamá en el mismo banco donde trabajaba don Eulalio, el señor era uno de los ejecutivos del Banco Francés de México, en liquidación, es decir una institución bancaria sin operaciones al público, en proceso de disolución, los activos de este banco pasaron a pertenecer a Banco de Comercio, así como después pasaron a ser parte de BBVA…

Los señores Ortega eran profundamente practicantes religiosos, tenían su residencia en la calle de Colombia, (una enorme casona que yo conocí en la cual, además de contar con elevador, una gran biblioteca y un capilla con en Santísimo permanentemente presente), sólo tuvieron un hijo… el joven era muy extremista, y no quería nada con el dinero ni con la posición social y económica de sus padres,

Se dice que él decía: “un abogado actuando normalmente, jamás podrá llegar al cielo en el ejercicio de su profesiòn”, así que, estudió Derecho por obligación, y al terminar les entregó su Titulo profesional a sus padres, se buscó una novia totalmente ajena a la alta sociedad, para casarse con ella y puso una imprenta para vivir de su trabajo como impresor, su única pasión era el canto, y debido a su gran preparación musical y a su bella voz era requerido en funciones de los más altos círculos artísticos, en los cuales participaba como incógnito o con pseudónimo, haciendo papeles de ópera y formidables actuaciones; tuvo quince hijos, de entre los cuales solo es conocido en el medio artístico uno de ellos, bajo el pseudónimo de Claudio Lenk. Dos de las hijas fueron religiosas y llegaron a importantes cargos en sus respectivas congregaciones. 

Los señores como personajes de sociedad y entusiastas fanáticos de la buena música, no se perdían un solo concierto en Bellas Artes, y en muchas ocasiones invitaban a Estelita, para que pudiera compartir el gusto de la buena música, pero no solamente la invitaban a asistir, sino que antes de la funciòn la ataviaban con vestidos y joyas, para no hacer mal tercio en los elegantes palcos, al regreso, obviamente Estela regresaba todo su ajuar antes de volver a casa… y ellos siempre le recordaban: "Estela recuerda que la belleza no es exterior, sino está en la juventud y en el corazón". La señora Ortega, -lo recuerdo bien-, cuando supo que yo estaba preparándome para la primera comunión, fue a visitarnos y me llevó una bella cajita de cartón, perfectamente cerrada y un pequeño orificio en la parte superior, asimismo me entregó una bolsita llena de semillas de trigo… “cada vez que hagas una buena acción – me explicó –  vas a poner uno de estos granos de trigo dentro de la cajita, y cuando estés a unos días de tu encuentro con Jesús, me llamas para que yo mande hacer las hostias con esos granitos de trigo que tú hayas reunido con tu esfuerzo. El experimento no funcionó porque a pesar de tener mi cajita llena de semillas, no hubo manera de entregárselas, con oportunidad, a la Señora Ortega

Esta señora que fue todo un ángel en la vida de mi mamá, murió con toda sencillez y modestia, semiabandonada, comiendo todos los días en fonditas del mercado Abelardo Rodríguez. Sus familiares nunca reclamaron ninguna propiedad ni ningún derecho y dentro de su discreción ayudó a innumerables familias en todas las formas posibles, de hecho había muchísimas viviendas con “rentas congeladas” en un enorme conjunto de “vecindades” que habían sido de la familia Ortega. En ese rumbo.

Después del banco, y habiendo transcurrido la muerte de mi abuelo y algunos otros hechos, mi mamá se colocò como secretaria en las oficinas de los juzgados del DF, primero fue secretaria de un abogado que trataba de ponerse al día con una interminable cantidad de casos que por no haberse resuelto habían quedado en el olvido debido a la falta de recursos de los interesados, el buen funcionario, llevaba estos casos de manera altruista para promover la resolución aprovechando sus tiempos libres, gracias a ese señor más tarde le ofreció trabajo  a Estela, directamente para el tribunal… ahí conoció a REBECA  JATTAR, ella tenía una hermana de nombre Esther, que a su vez tuvo tres hijos, que después de haber estudiado en el Colegio México, ingresaron a la casa de formación marista… con su amiga Rebeca se formó una amistad que no pudo disolver el paso de los años y a su muerte aún persistía el cariño y la amistad con aquellos niños, sobrinos de su entrañable amiga: Isaìas, Antonio Gustavo

Posteriormente trabajó para la entonces naciente Cámara de la Industria de la Transformación donde fue su amiga la inolvidable ELENA ALPIZAR que vivía en las inmediaciones de la calzada de la Viga, cuidaba a su madre anciana y tenía una pequeñita de nombre Susanita.

La Época de oro de mi mamá

A partir de mi llegada al mundo la situación cambió y gracias a Dios, madre e hija restablecieron de nuevo aquel viejo hogar complementándose recíprocamente para brindarme todo el ambiente necesario para mi desarrollo. Estela encontró trabajo en una compañía denominada Asurbin S.A., ubicada en la calle de Bucareli No 12 desde un mes posterior a mi llegada, hasta casi 1964.

 “Asurbín S.A.” era una empresa que explotaba comercialmente las patentes de algunas fórmulas de productos químicos industriales. Estela era la secretaria del Lic. Uribe, único accionista que asistía a diario, sin embargo, ella llevaba prácticamente toda la administración, al grado que cuando decidieron quebrar la empresa, le ofrecían que ella siguiera adelante con el negocio... sin embargo se rehusó por motivos que correspondían a su personal visión ética.

Recuerdo que pasamos una temporada bastante apretada, ya que ella nunca quiso renunciar a pasar las tardes al pendiente de mi tarea, y casi todos los trabajos se le exigía el tiempo completo. Por lo tanto mientras encontraba un buen empleo, hacía trabajos a máquina, gestionaba algunos pagos ajenos, pero no encontraba nada fijo.

Un buen día encontró en la calle a Madame Regina de la Paz, su profesora en la primaria y le ofreció trabajó en el Hospital Francés, a una cuadra del departamento que habitábamos en una vecindad sobre la calle de Niños Héroes, en la colonia de los doctores. La religiosa vivía en la comunidad religiosa del hospital que se encontraba en la misma avenida, prestando sus servicios en el departamento de Radiología. El trabajo de mi mamá consistía en pasar a máquina todos los resultados de interpretación que los médicos especialistas hacían de las placas obtenidas en las radiografías.

El Dr. Guillermo Santín era el Jefe de esa área, y les brindó a Mme y a mi mamá, todas las facilidades, al principio se concretaron a dictarle directamente en horario especial, finalmente compraron un dictáfono y de esta manera modificaron el sistema, dejando libre a los médicos el horario para la interpretación de sus placas y permitiéndole a Ma. Estela en un horario fijo y cómodo la transcripción desde el dictáfono.

Debido a lo complicado de la terminología médica y a la necesidad de una excelencia en la presentación del informe, se requería una persona con la experiencia mecanográfica, tenacidad, velocidad y dedicación como la de Ma. Estela.

Un tiempo después el tío Alfonso la invitó a trabajar en Peat Marwik, Mitchell & Co. Inc., una empresa americana especializada en la auditoría a empresas de su propio país, avecindadas en México. Alfonso había llegado a ser socio de primer nivel, y estaba a cargo del departamento de personal, Ma Estela estuvo un tiempo realizando las labores del departamento de Personal, y despuès llevando libros contables que se llenaban como una cortesía de servicio a algunos clientes especiales, tal era el caso de Mennen de México, Anderson Clayton, Seysmograph y otros, durante cortas temporadas, gracias a sus habilidades y según el propio Alfonso, ella estuvo a punto de reemplazarlo, lo cual era inconcebible, finalmente ella obtuvo el reconocimiento dentro de la empresa y estuvo desempeñando varios cargos dentro de la compañía, ya por sí misma y sin la sombra de su primo Alfonso

Ese fue el trabajo más gratificante que tuvo en su vida, el salario se multiplicó más de 10 veces de lo que siempre había ganado, la actuación profesional también fue altamente satisfactoria, la experiencia de colaborar en una empresa líder en su ramo, con una metodología y sistemas de primera, son experiencias intransferibles. Pudo liquidar el pago de la casita que se había empezado a pagar en la calle de 1810, e iniciar la compra de la casa vecina, adquirió el coche, la tele, ropa y mil satisfactores que le dieron esplendor a la última etapa de mi vida a su lado.

 

 

El nuevo Purgatorio de Estela

Por razones que más adelante he de detallar, el Príncipe Azul regresó al final del día, y con 20 años de atraso hizo su entrada en escena, Rodolfo volvió con Estela, o más bien Estela regresó a él.  Tras una corta temporada de conversaciones motivadas por mi correspondencia, en 1972 cuando yo vivía en Morelia realizando mi noviciado, Rodolfo fue a vivir durante unos cuantos días a la casa ubicada en año 1810, después Estela se fue a vivir con Rodolfo a la colonia Moctezuma... El paso de los años había hecho estragos y  lo que en 1954 no se pudo dar, ahora menos podía verificarse. Aquel mundo de perfección orden y equilibrio donde todo se movía mágicamente en medio de orden y disciplina se trastocó en el caos más espantoso que un ser humano pueda imaginar y vivir.

Era la (nueva) casa de la colonia Moctezuma, en Oriente 170 número 260, la parte alta de un galerón que servía como molino de nixtamal, en la planta baja se alojaba una serie de cuartos mal construidos forrados desde la fachada con cintilla color gris siempre sucia y en pésimas condiciones, el primero de ellos era un local con frente a la calle, y cortina metálica, totalmente insalubre que servía de mostrador, además de mugre y basura continuamente estaba lleno de humedad y porquería de ratas.

A continuación estaba el molino propiamente dicho, donde estaban las máquinas que molían el nixtamal, confundiéndose con el mostrador,  siempre había ahí herramienta, piedras de molino y diversos herrajes y accesorios de las máquinas como bandas, poleas, catarinas, etc.

Después estaban las tinas, continuamente llenas de grano en reposo o en pleno proceso de cocido, estas tinas debían recibir la cantidad exacta de maíz y de agua a 95 grados durante un tiempo bien determinado y mezclar en ellas la cal. A la vaporización natural del agua con maiz se  agregaba  el olor reseco y característico de la cal y el asqueroso olor de los sudorosos trabajadores removiendo con largas palas el contenidos de esas tinas de 4 mts. de longitud,

Al fondo, y en medio de la penumbra apenas acariciada por un foco de 40 watts, el depósito del grano, en costales de yute, de 75 kg. cada uno. Era espectacular ver cómo llegaba un camión de la “Conasupo” y en unos cuantos minutos el espacio de suyo reducido de esos cuartuchos se ensanchaba para hacer caber hasta el último saco de varias toneladas del preciado grano. Los siguientes cubículos eran ocupados por la familia de mi tío Gustavo, hermano de mi papá, su mujer, Esperanza y su media docena de hijos, la mayor de 6 años. Al final todavía estaba un cuarto donde se almacenaba herramienta y máquinas viejas y refacciones.

La otra mitad del predio que en el día servía como patio era en la noche un garaje donde se hacían caber los 3 ó 4 carros y camionetas de Rodolfo. Al centro y ocupando la parte baja de la escalera al aire libre que comunicaba con la parte alta, estaba la caldera que continuamente se mantenía en operación, y que emitía perennemente un sofocante calor y un terrible hollín contaminante.

 La parte alta según el trazo en forma de “C” de la parte baja, al frente en una construcción modernista, y con acabados muy dignos, de granito y yeso, una sala y comedor con terraza a la calle y una bella apariencia. A un lado la cocina, cabe señalar que para ir del comedor a la cocina era necesario pasar por la intemperie, a continuación un desayunador cubierto, anexo a la cocina y totalmente abierto. En uno de sus lados, al fondo de este, dos recámaras, separadas por una baño, cuando se construyó un pequeño cuarto en este primer nivel, al fondo del terreno, la segunda recámara perdió su iluminación y ventilación naturales y se convirtió en un espacio hacinado.

Ahí regresó Ma Estela en búsqueda de rehacer una vida que hacía mucho tiempo había quedado sepultada, victimada entre el egoísmo, la indolencia y la ignorancia. Vivían además ahí, mi abuela Adelita y Rosa, una niña recogida por mi padre, hija de una mujer llamada Blanca, la cual había vivido con él en esa casa muchos años. Mi Padre siempre negó la paternidad sobre aquella jovencita de 16 años, sin embargo siempre le prodigó toda la asistencia y cuidados necesarios, criándose prácticamente como hija de mi abuela Adelita.

No obstante mi papá trató de dar su lugar a Estela, la casa de la colonia Moctezuma jamás fue su sitio. Ahí fue víctima continua de robos, engaños, chismes y todo género de abusos por parte de la gente que vivía en esa casa, empleados, familiares, trabajadores y conocidos, vivió Ma Estela esa temporada como una oveja llevada al matadero, sin chistar una sola palabra, llorando en silencio como si compurgara una condena, pretendiendo comprar para mí la satisfacción del deber cumplido sacrificando para ello las últimas gotas de su dolor y su existencia.

A las dificultades domésticas no hemos de olvidar que el principal problema de Rodolfo fue su temperamento violento y su falta de ecuanimidad y de madurez psicológica y mental, era él, quien en plena edad madura y florecimiento económico debía afrontar las obligaciones de compromisos, negocios, imagen social y además de Estela un segundo frente en Nezahualcóyotl, donde había nacido ya mi pequeña hermanita Marilú.

El compromiso de liderear organizaciones sociales con sesgo político, como la CRAS y la ANPAC; más de 25 negocios entre los que destacan 3 molinos de nixtamal y una pulquería, e incluso hacer frente a la propuesta de su precandidatura para la presidencia municipal de Cd. Neza. lo volvían estúpida y altivamente irresponsable. Rodolfo tuvo que hablar personalmente con el señor Gobernador para declinar su postulación, porque como él mismo me lo confesó, “le dio miedo…”

Estela, por su parte,  debía seguir esperando su llegada, noche a noche, al igual que 20 años atrás, en medio de un cansancio extremo, para recibir el insulto del perfume de otros brazos en la solapa del saco, del lápiz labial en las camisas y la indiferencia a la labor realizada y a los problemas asumidos, y quizá en más de una ocasión, la cólera de las frustraciones narcisistas y las exigencias del macho que solicita y exige como un dios, toda la atención, la ternura y el cariño de su hembra a como dé lugar.

Dios socorre con la desgracia, en medio de la desgracia. “Afortunadamente” mi abuela María de Jesús y Mello una tarde que iban al pan, fueron embestidas por un automovilista irresponsable, recibieron fuertes golpes y se golpearon muy fuerte la cabeza con la banqueta, tuvieron que ser llevadas de emergencia al hospital, esto fue en el año 1977, La Nena tuvo que ir a auxiliarlas.

 Rodolfo cooperó durante el tiempo en que estuvieron hospitalizadas. Una vez que se las dio de alta, Rodolfo le exigió a Estela que regresara a la casa de la Moctezuma, Estela vio imposible el hecho de cumplir este nuevo capricho, dado el estado delicado de mi abuela y de esa manera regresó a su casa para consagrarse a la atención y cuidado de sus ancianitas hasta el día en que ellas fallecieron.

La abuela estela

En el 78 nació mi Evita, mi mamá cuidaba a sus dos ancianitas y se las arregló para que nos mudáramos a 1810 un poco antes del alumbramiento, después arregló las cosas para que nosotros no regresáramos a San Antonio donde teníamos nuestro departamento sino nos fuéramos a la casa de enfrente, marcada con el número 25 por un año, al terminar el año, de nuevo hizo arreglos para que nos regresáramos al número 22 y ella se quedó en el número 25 Fue en ese sitio donde murieron mi Mello y mi abuela en 1983

 

   




La vida de Estela en esos años consistía en el cuidado directo a todas las necesidades de mi abuela y de Mello, había que darles de comer, cuidar su sueño, darles sus medicamentos y estar al pendiente de las idas al baño, así como de su limpieza personal… la parte más interesante era precisamente  el  control  de  sus  citas  en  el hospital, el IMSS ofrecía el servicio de ambulancia, pero había que solicitarlo personalmente, y demostrar la necesidad de que se utilizara el servicio, a veces las citas culminaban en hospitalización por dos o tres días, para observación o curación… así que tenía que arreglárselas para obtener la cita y llevar a sus dos ancianitas, cada una con un programa y doctores diferentes… y recogerlas para regresar a la casa

Además en esa temporada, mi hija pasó de ser una bebita dormilona a una pequeñita que acababa de aprender a caminar, que estaba prendiendo a hablar y que tomaba entre sus manos para llevarse a la boca todo aquello que estuviera a su alcance, asi que la recién aprendiz de abuela tenía que compartir sus tiempo con sus tres niñas… además de realizar sus ocupaciones personales, prepararnos la comida y ayudarnos con la “lavada de la ropa”; era una vida muy ajetreada y que a veces rayaba en la imprudencia, dejaba solas a las ancianitas, o dejaba sola a la nieta… en una ocasión una trabajadora social en el IMSS se percató de que la buena señora, había dejado a su nieta sobre un pilar de una cierta altura en el centro de una fuente seca, en el medio de los enormes patios del Centro Médico Nacional, la observó y vio que mi mamá subía al cuarto piso para ver a su mamá… ¿por qué lo hace, señora? Porque no me dejan pasar con la niña a la zona de enfermos… respondió con cinismo… ¿pero, por qué trae a la niña, ¿no la puede dejar en su casa?¿no sabe que se puede caer o se la pueden robar?... No, no le va a pasar nada… ¿cómo está tan segura? Porque desde allá arriba me la están cuidando, y es sólo un momentito… la trabajadora terminó por hacerse amiga de la buena abuela y ayudarla a cuidar a su nietecita…

Fue en esa temporada, una vez que visitó el convento cuando habiendo entrado a uno de los patios donde habían dejado a un perro guardián suelto, quedando ella encerrada con la nieta entre sus brazos… el perro le dio varias mordidas, pero ella nunca permitió que la bestia tocara a su bebita…

Una tarde, Mello se quedó dormida, pero Estela se  percató de que ya no respiraba… en ese momento se fue la luz… bajó enseguida a cambiar el fusible, y  me llamó por teléfono, cuando ella regresó y yo había llegado, efectivamente corroboramos que Mello no presentaba signos vitales, hablamos al médico, al IMSS y comenzamos a tomar todas las providencias… en la casa se sentía una gran paz y Mello se nos había adelantado… Al día siguiente ella y yo nos dedicamos a llevar a cabo todos los trámites para poder sepultarla.

Unos meses después ocurrió lo mismo con mi abuelita, aunque de hecho ella no murió en la casa; como expliqué antes, muchas veces al llevarlas al hospital eran retenidas durante algunos días, sea para observación o curación, en este caso  mi abuelita fue retenida varios días, mi mamá iba muy temprano, porque si estaba en la lista de las personas que iban  a ser regresadas en la ambulancia a su casa, era mejor que ella estuviera presente en el hospital muy temprano… en esa ocasión se presentó y buscó a su madre en la cama donde la había dejado la víspera, pero no la encontró… preguntó por ella y sus amigas enfermeras, le informaron que ya había partido de este mundo… fue a buscar al médico responsable, y como era un jovencito de guardia, la empezó a examinar con una serie de preguntas de rutina… “así que originalmente usted la ingresó por un problema de lesión traumática por un accidente automovilístico?... “pues, sí, hace ya varios años… “ contestó ella, “entonces este es un asesinato del que tiene que tener conocimiento el MP… yo no les puedo entregar el cadáver de ninguna manera…”

Estuvimos alegando toda la mañana, hasta que cambió de turno el joven galeno, y pudimos retirar los restos para llevarlos al velatorio, esa tarde se reunió para acompañarnos, muchísima gente, familiares, amigos, etc, fue una representación de los hermanos maristas y otra de las hermanas agustinas del plantel donde yo prestaba mis servicios, por lo menos hubo cuatro misas en el velatorio, en la última, celebrada por un cura de la parroquia de Santa María de Guadalupe de los hospitales, a cuya jurisdicción pertenecía el velatorio, me regañó severamente porque no se debía haber celebrado más de dos misas el mismo día para una velación… en fin, no faltaron misas ni rosarios todo el tiempo… al dia siguiente, y habiendo seguido todos los pasos que habíamos aprendido con motivo del deceso de Mello, nos fue sumamente sencillo realizar la inhumación, ellas dos quedaron en el mismo panteón y en la misma fosa. Todo esto incide en que por una parte no hubo una gran temporada de agonía para mi abuelita, tampoco hubo una velación en casa, como se acostumbra en muchos casos, no hubo duelo, porque toda la mañana nos la pasamos discutiendo don el doctorcito, y el tramite del sepelio fue muy ágil. Por lo que Estela no tuvo tiempo de sentir el rigor de lo que es una muerte convencional, y ciertamente olvidó con el paso del tiempo, toda esa triste aventura que representa la pérdida de una madre…

SOR MARIA DEL SOCORRO

María Estela, después de la muerte de mi abuela, empezó a tomar, aún sin así desearlo, unas auténticas vacaciones, habían cesado sus dos dolores de cabeza más pesados, había renunciado al sueño de volver con Rodolfo, en esos días (el 20 de enero de 1984) yo presenté mi examen profesional, y su única distracción y mayor preocupación era mi hija mi esposa y yo, además de su ilusión cada vez mayor de ingresar al convento.

Se la veía en esos días radiante y contenta, quizá aumentó un poco de peso, pero la ausencia de sus viejitas, en vez de hacerla entrar en una vida más sosegada, parecería que la obligó a entrar en una febril actividad que la ocupaba todo el día, entraba, salía, recogía a “su muchachita”, iba a la calle, regresaba, hacía comida, volvía a entrar y salir, volvía a regresar, y todo parecía marchar sobre ruedas, pero a cien kilómetros por hora. A Rosa y a mí nos molestaba un poco esa manera de ser porque en su afán de atendernos invadía en ocasiones nuestra privacidad, de buena fe, pero de manera incómoda, sin embargo, nunca hubo un roce o una dificultad seria al respecto.

Una noche con una sonrisa muy difícil de olvidar, nos pidió que nos pusiéramos a la mesa porque tenía algo que enseñarme; como ella acostumbraba ser tan ceremoniosa para los más mínimos detalles, pensé que se trataría de algo sin importancia, o de alguna sorpresa, como la vez que nos mandó a Mérida de vacaciones en un VTP,  inició diciéndonos en un tono muy serio que había un señor al cual ella había conocido antes que a mi papá y que últimamente, después de todo lo ocurrido se habían estado entendiendo y frecuentando, y que finalmente él le había pedido que se fuera ella a vivir con él a su casa, y que no quería hacer las cosas a escondidas, sino que por el contrario deseaba que yo la fuera a entregar simbólicamente para después poder apadrinarla en su posible próxima boda...

Me reí creyendo que se trataba de una más de sus bromas, y le dije que se había equivocado de argumento para sus payasadas, que cualquier otra historia le podría sentar bien, menos aquella de que María Estela, a estas alturas pensara en irse a vivir con un hombre, y luego, sin haber un sacramento de por medio, -considerando su manera tan observante de vivir la religión -.

Un escalofrío recorría mi cuerpo internamente, presintiendo que alguna decisión importante habría tomado y que algo muy serio nos estaba tratando de comunicar, envuelto en toda aquella historia... le dije entonces que me daba mucho gusto, y que pues, eso merecía una copita, y pregunté en tono de burla que cómo se llamaba el afortunado, mientras tanto, hice el intento de levantarme para servir unas cubitas, fue entonces cuando no dejando que me levantara me entregó, para que yo leyera, los papeles que contenían un folder bastante gastado, que desde el inicio de la plática ella había estado jugueteando entre sus manos sobre la mesa.

Era una carta del Tribunal Eclesiástico en la que se le informaba a Estela Serrano Moreno que después de haber apelado, había obtenido por parte de dicho tribunal el fallo definitivo para la disolución del vínculo matrimonial, dejándola en libertad para contraer nupcias eclesiásticas de acuerdo a lo que manda la Santa Iglesia Católica...

Condenaba asimismo a Rodolfo Guzmán a solicitar un permiso especial del Ordinario para casarse en caso de que así lo deseara. El fallo se daba en este sentido tras una segunda apelación y en virtud de haberse demostrado que esta última parte, se había reservado para sí el privilegio de la fidelidad. - ¿Qué con eso? - pregunté un poco molesto... Entonces me relató cómo había empezado hacía más de tres años este proceso, con intención de ingresar al convento.

En un principio, según ella, sólo solicitaba de las monjas un sitio para vivir el día de mañana cuando la vejez se apoderara de ella, ofreciéndose como portera, veladora o algo por el estilo en el convento, la superiora la invitó entonces a exponer su caso ante un director espiritual, promotor de vocaciones, este sacerdote, a su vez la puso en contacto con otro colega abocado a los asuntos jurídicos de tramitación de este tipo de situaciones ante la Mitra.

Se llevó a cabo todo un proceso análogo al que se vive en el fuero secular, citatorios, declaraciones, idas y vueltas, interrogatorios, revisiones y un fallo de primera instancia que resultó desfavorable, una apelación y una segunda ronda de averiguaciones de la que en aquel día se había otorgado la resolución definitiva y favorable. ¿cuáles son entonces tus planes? pregunté desconcertado, “simplemente que me lleves al convento,”-  contestó segura de sí misma, como siempre.

Pensé por un momento en todo lo que me dejaba, especialmente en el sentido de qué hacer yo o cómo disponer de sus cosas. La salita, el comedor, las cosas de Mello, sus libros, las viejas camitas, en fin, habría muchas cosas por hacer. Entonces, adivinando mis pensamientos acabó de explicarme que se me había adelantado un poquito, que ya había vendido, regalado o colocado absolutamente todo, y que con algunos ahorros adicionales había logrado entregar su dote, y que, para variar, estaba confiando absolutamente en mí, porque en el caso de que se tuviera que salir, yo me tendría que hacer cargo de ella por completo... “al fin te acordaste que tenías hijo” pensé para mis adentros, mientras la acompañábamos a su casa, ya era un poco noche.

Mis ojos no podían creer lo que vi esa noche, la parte de la casa del número 25 que ella ocupaba, estaba totalmente vacía y solo quedaba una pequeña maletita y unas cuantas cajas junto a su modesto catre. Al día siguiente la fuimos a llevar al Convento de las Hermanas Clarisas Capuchinas de Santa María de Guadalupe, en las calles de Galeana No, 5 en la Villa de Guadalupe, Gustavo A, Madero. 

Efectivamente, a Jesús, el hijo del carpintero de Nazareth, lo había conocido mucho antes que a mi papá, efectivamente se trataba de irse a vivir con él para consagrarse a su servicio, efectivamente, deseaba que la llevara y que posteriormente la apadrinara, el día que pudiera llegara hacer sus votos perpetuos, efectivamente tenía la sartén por el mango, su documento de liberación matrimonial y sus cosas preparadas y listas para marchar con paso firme y definitivo hacia ese nuevo horizonte que se le antojaba como una maravillosa oportunidad para reiniciar una vida llenándola de otro tipo de valores, otra clase de moneda, otro sentido más auténtico, un cariño y un amor más profundo, desinteresado, noble e infinitamente más gratificante.

Transcurrió un tiempo, los meses de Postulante, creo que dos años como Novicia y finalmente profesó, haciendo votos temporales anuales renovándolos no recuerdo si siete o más ocasiones hasta venir a hacer su profesión perpetua. Alternando momentos de febril entusiasmo, momentos de denodado trabajo inclusive físico, momentos de angustia y desesperación en particular de no poder estar a mi lado cuando he tenido mis épocas de crisis, sin embargo, en todo momento, irradiando esa inquebrantable fe, necesaria para poder asumirla vida consagrada.

  

Sin duda, a mi entender, lo que más trabajo le ha costado es su vida de relación comunitaria, en particular debido a la dificultad para convivir con hermanas que tienen una mentalidad tan diferente a la suya, costumbres tan silvestres o campiranas y valores y puntos de vista tan disímbolos. Una mujer como Estela Serrano, que jamás se metió en la cocina, o que no era capaz de iniciar una actividad sin tener todo absolutamente bien planeado, especificado y en orden, difícilmente es comprendida por algunas hermanas que ni siquiera saben leer pero que desde muy niñas han sabido echar gordas, moler salsa en molcajete y batir tamales.

Sin embargo, ellas no saben lo que es tener un hijo, haber estado casadas, manejar un auto en la ciudad, escribir a máquina o llevar una contabilidad... ahí es donde ella ha podido aportar su granito de arena. Durante varios años se encargó de hacer las compras en la Central de Abastos, llevar a las hermanas al doctor, hacer las entregas de galletas o preparar a máquina las Lecturas de la Liturgia.


Estela Serrano ingresó al convento en 1984, aunque ya conocía a la comunidad y estaba perfectamente consciente de todas las implicaciones de la vida conventual de clausura, debió aceptar el tiempo que exige el derecho canónico para cumplir su postulantado y noviciado. Fue hasta el día 15 de octubre de 1986, cuando pudo profesar sus primeros votos solemnes, y el 4 de octubre de 1989 sus votos perpetuos. El caso de la madre Socorro siempre estuvo cargado de excepciones, pero siempre estuvo buscando la voluntad de Dios y la adaptación de la realidad tanto del convento como de la persona a la voluntad divina.

La hermanita Socorro, de esta manera puso a la disposición de toda la comunidad todo lo que ella sabía hacer, pensar y decir, a pesar de que por su misma historia personal y sus características, no pudo nunca aprender de origen, como lo haría una postulante joven, todas las tareas que normalmente se aprenden en las épocas de postulantado, a cambio de esto, ella realizaba una serie de tareas que la mayoría no podía desarrollar, en primer lugar lo que ella llamaba “la manejada”, es decir, convertirse en la conductora oficial de la camioneta, esto implicaba salir a la calle y desempeñar una serie de actividades que no podían combinarse con el hecho de permanecer al cien por ciento en la clausura: hacer pagos, compras, visitas, entregas, ventas, acompañamiento al médico, recepción de las visitas que se recibían en central de autobuses o en el mismo aeropuerto, etcétera, ella combinaba sus salidas para desarrollar actividades personales como visitar a enfermos, familiares y benefactores, siempre dentro de la obediencia que le obligaba a pedir previamente permiso, avisar de su llegada y rendir cuentas de su tiempo, actuaciones y resultados, y por supuesto, rezar por su cuenta todo los rezos que habían quedado pendientes durante su ausencia…

Por otra parte su experiencia de trabajo, la colocaba en la facultad de desarrollar otras actividades internas, que no son tan comunes dentro de la vida conventual, durante toda su vida, su gran herramienta era la máquina de escribir, a la cual se agregaba su conocimiento de la taquigrafía, la taquigrafía que ella dominaba permitía que otra persona le dictara a la velocidad de una plática convencional, en un sistema grafológico extremadamente veloz, que ha caído en desuso debido a los modernos medios de comunicación, pero esta herramienta le permitía, por ejemplo, tomar notas de las conferencias, de las discusiones y de los acuerdos de las mismas hermanas y después pasarlos a máquina, ella era encargada de redactar las actas y hacer las minutas de las reuniones oficiales, además, utilizaba su máquina para preparar las novenarios, y algunas de las liturgias especiales… en este mismo tenor, ella ayudaba a la preparación de la documentación que se le presentaba al contador… recopilaba los recibos de pagos, y preparaba las carpetas con la documentación, era muy minuciosa en llevar las pequeñas cuentas de gastos diversos y un sinfín de actividades semejantes, aunque no era muy asidua de atender las labores de la cocina o de la limpieza.

Independientemente de las relaciones interpersonales con todas y cada una de las hermanitas de la casa, ella tenía, desde su llegada el apoyo y la identificación personal de su prima la hermanita María Adoración que antes de entrar al convento, se llamaba Raquel Becerril Sánchez, ellas dos, desde niñas eran grandes amigas que compartieron una serie de vivencias, Estela se casó y yo nací, Raquel nunca se casó, pero tuvo un novio que inclusive ya le había comprado casa y su ajuar de novia, sin embargo vivía al cien por ciento dedicada a cuidar a su mamá, doña Socorro Sánchez, que era prima hermana de mi abuela… motivo por el que eran muy frecuentes las visitas, y la relación entre las dos familias, Raquel tenía una tienda muy bien surtida, en el barrio de Magdalena Mixiuca; sus hermanos eran Juan y Nemesio. Las dos jóvenes primas eran miembros de la Adoración Nocturna Mexicana, y se acompañaban cada mes para asistir a la iglesia que les correspondía para pernoctar toda la velada en oración, junto con los demás miembros de la asociación, fue en una de esas “veladas” cuando Raquel percibió el llamado del Señor, y decidió ingresar al convento.

Nuestras visitas a “Raquel”, cuando yo tenía 10 ó 12 añitos, se convirtieron en visitas a “(la hermana) Adoración”, y así mi mamá estuvo en contacto con el convento, cada vez más hasta que tuvo la oportunidad de ser admitida. Por supuesto que esta amistad entre las dos primas se volvió fundamental para la vida de Estela, convertida en Socorrito.

Estela murió simbólicamente el día de su profesión perpetua (definitiva): tirada de bruces frente al altar, con una corona de espinas en la cabeza y recibiendo un baño de pétalos de rosas que simbolizaban su entierro. El cabello recortado públicamente, en señal de renuncia total al mundo, María del Socorro experimentó por unos instantes ese momento definitivo de la entrega final al Señor. Un detalle que me conmovió en esa celebración, fue que a mi mamá le asignaron leer en la primera lectura la historia en que Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac, Abraham se dirige al monte sin llevar otra víctima que a su propio hijo y se dispone a hacer el sacrificio; en ese momento a Estela se le quebró la voz, porque ella, en su momento, le entregó al Señor a su único hijo, es decir a mí, por medio de la vida religiosa marista… (otra cosa muy diferente y por mi propia voluntad y al margen de las decisiones de Estela, que yo terminara abrazando la vida matrimonial) 

Al pronunciar sus votos a perpetuidad, ofrecía su persona en un holocausto completo, incluyendo su misión como mamá, en su corazón seguía sacrificando lo único y más valioso y preciado de su existencia, que era yo. Con la ofrenda de sí misma, renunciaba en forma definitiva a intervenir en mi vida, y con ello ponía en las manos del Dios de la promesa, mi propio futuro y mi propio destino. El hecho fue que en este caso no apareció un ángel que le retuviera la mano a esta nueva sacerdotisa. El sacrificio se había consumado desde aquella tarde de noviembre de 1968 en que María Estela y su madre me habían ido a entregar a la casa de formación de  Querétaro.

Una vez más se confirma que los que siguen al Nazareno reciben el ciento por uno en esta tierra y después la vida eterna. Estela, o más bien María del Socorro, ha elegido vivir desde ahora la dicha infinita de estar exclusivamente al servicio de las cosas del Padre Celestial, luchando en esta tierra no sólo contra los demonios que nos esclavizan en el mundo, sino sobre todo, construyendo a través de una comunidad simbólica y escatológica, el reino que inició con su propia existencia el Salvador y Redentor del mundo, en horabuena.

El final

A finales de 1996,  estando yo en Irapuato, la hna. Socorro fue sometida a estudios oncológicos debidos a que una biopsia mamaria que resultó positiva. Así comenzó sus tratamientos con quimioterapia. Ese fue el principio del final de esta existencia física.

Mucho después, en el año 17 tuvo que ser intervenida de urgencia, debido a un problema con la vesícula, estuvo sólo tres días en el hospital, cuando regresamos al convento se sentía tan bien que ella quería servirnos como anfitriona, como cuando se le visitaba para otro fin. Esa fue la prueba de que quedó perfectamente. 

En el 2018 tratando de recoger los botes de basura, en plena tormenta de agua, se resbaló sobre su propia pierna y quedo yerta en el piso por un buen rato, el femur se había roto, fue internada en el hospital del seguro social y sometida a una intervención por la que por medio de un tornillo le sujetaron las dos parte del hueso fracturado, esto ayudó a que la recuperación fuera relativamente muy rápida, sin embargo al darla de alta, se le prohibió definitivamente el uso de escaleras, esto le impidió definitivamente volver a su amada celda (que estaba en la planta alta), lo cual mezclado con su falta de memoria inmediata, la hacía creer que vivía fuera del convento, ella creía que estaba en la casa de mi tia Guadalupe, en la colonia Álamos… y todas las tardes espera la ocasión de regresar al “convento de la Villa”, porque no encuentra su celda ni sus cosas personales, medio convento se le desapareció y la otra mitad quedó convertido en las reminiscencias de una casa que sólo está en su imaginación… 

A partir del 2020 paulatinamente fue perdiendo una parte importante de su memoria inmediata, con lo cual regresan a ella vividos recuerdos de su padre y de su madre, que confunde con la realidad, platica con ellos, viaja con ellos, y de pronto se topa con un mundo real, totalmente diferente.

Con motivo de la pandemia del año 20, se redujeron drásticamente las visitas al convento, pero no solo eso, se perdió la atención y continuidad con algunos de los médicos que vigilaban la salud de las hermanas, todo eso demeritó completamente a la hermanita Socorro que atravesó por temporadas de falta de lucidez. Las medidas precautorias que se tomaron restringieron tajantemente las visitas al convento, nosotros fuimos solo una ocasión en todo ese año,

En diciembre del 21, de La Hermana Lilia, que era la que atendía más directamente a Socorrito, me pidió que tuviéramos una entrevista para hacerme ver que la salud de mi mamá ya era muy vulnerable, de hecho todo el tiempo estaba en la cama, casi no hablaba, sólo tomaba pequeñas cucharadas de alimento y medicinas había que cambiarle ropa y atenderla para todas sus necesidades. Nos invitó a pasar a saludar a la hermana Socorro que se encontraba ya muy disminuída, para empezar, hacía tiempo que estaba en cama, es decir sin caminar, prácticamente no podía moverse y hablaba y escuchaba con gran dificultad, las hermanas le daban sus medicinas y alimentos con una cucharita cada determinado tiempo, su cuerpo y sus manos estaban muy frias y se encontraba cubierta por cobijas, le molestaba un poco la luz, y las hermanas me prometieron que la iban a cambiar a una cama de las que se usan en hospitales.

Unas semanas después hice otra visita para llevarle unas batas y unos pañales desechables, esto fue el domingo 9 de enero, y sólo yo pasé a verla, estuve con ella un rato en perfecto silencio, sólo tomé una de sus manos con mi mano y coloqué sobre su cabeza la otra mano, ella parecía dormida, pero respondía por reflejo cuando había algún sonido fuerte… tengo la impresión de que nuestros pensamientos se entrelazaron profundamente en ese ratito, que me pareció eterno, es increíble cómo, la presencia y la mente son capaces de establecer un puente de comunicación dentro del silencio, sin la limitación de las palabras, los gestos y las expresiones más comunes… me retiré así como llegué y esa fue la última entrevista con ella.

El lunes 17 de enero de 2022, recibí una llamada cerca de las 13 horas, de la misma Hna. Lilia Molina, informándome de que mi mamá ya había partido a la patria celestial… después de hacer una serie de llamadas telefónicas para avisar a familiares y amigos, fuimos a visitar el convento, Tere y yo, allá se encontraban mi maestra Aurelita, ya había pasado gran parte de ese día ahí, mi prima Laura Moreno. También estaban ahi sus hermanas de Tere: Micaela y Carmen, así como Nelson, Iván, y Elizabeth (sobrinos de Tere), Brenda, y mi ahijadito Gael… En la entrada nos recibió la hermana Maricruz, quien nos informó que había una situación especial: el brote “omicron”, del coronavirus había llegado a esa santa casa y se encontraban infectadas varias de las hermanas, motivo por el cual no se podía recibir a nadie, nos invitaron a que viéramos los restos que ya descansaban e la caja mortuoria y que nos retiráramos por favor lo más pronto posible…

Asi fue, se había programado una misa para el día siguiente, antes de ir al panteón, pero más tarde nos informaron que también se había suspendido debido a la pandemia. El día siguiente, martes 18 nos presentamos unos minutos antes de las 12 para acompañar a la carroza que nos guió hasta el panteón Guadalupe Hidalgo, en la parte posterior del cerro del Tepeyac, donde fue sepultada la hermana Socorrito… nos acompañaron sólo dos religiosas y una novicia, mi prima Laura Moreno y su esposo, y nosotros dos., el campo santo se encontraba con muy pocos visitantes, y no hubo otra ceremonia que la inhumación en sí misma.

 


 Y mientras, que pasó conmigo?

Después de esta narración en donde me propuse hablar muy poco de mí mismo, me veo obligado a completar esta historia con la parte relativa a la relación de María Estela con su hijo…es decir conmigo. En primer lugar, es evidente que ella, una vez que pudo estabilizar su vida personal en lo relativo a su madre, su empleo y con la presencia de un hijo, y en un ambiente bastante propicio para intentar forjar una réplica de su hermano, dio rienda suelta a todas sus habilidades para intentar reproducir en aquella criatura confiada a ella por Dios, tanto los rasgos como las virtudes y habilidades de su padre, don Jesús y de su hermano Jorge.



En este sentido, la educación que ella me proporcionó iba siendo bastante semejante a la que pudo tener mi tío Jorge en su niñez, sin embargo, había una diferencia esencial, porque él tuvo a un padre extraordinariamente seguro de si mismo, muy maduro, autodidacta, trabajador, responsable y fundamentalmente hecho a la vida familiar, y una madre maravillosa consagrada a su hogar y al cuidado de sus dos hijo. Por el contrario, en mi caso no había en lo absoluto esa imagen paterna, había una gran ausencia que se resolvía en cierta forma con la ayuda de mi tio, y que se complementaba bastante con los profesores del Colegio México que tenían una gran identidad con él… esto derivó de alguna manera en que en el momento adecuado, yo forjara mi proyecto de vida en torno a repetir la historia de mi tío, desde muy pequeño yo trataría de emular al maestro, al hermano y al gigante del conocimiento, que yo consideraba que era mi tio; en el aspecto deportivo, sin embargo, yo era un fracaso y en muchas materias no me consideraba ni una migaja en comparación con él, sin embargo yo sentía una tremenda atracción por llegar a  ser como él.

Al pasar a secundaria, tuve la invitación para ingresar a la casa de formación de los maristas, pero mi edad era una gran barrera que me favoreció bastante y pospusimos la decisión para la preparatoria. Mi tío había entrado a los doce años para estudiar secundaria, y yo podría entrar a los trece a la prepa… por lo que sentí que era razonable esperar tres años. De cualquier manera, mi mamá tenía la certeza de que yo debía entrar al “juniorado” tal como en su momento lo hizo mi tio… (la primera etapa de formación entre los maristas era denominada “juriorado” en la que los aspirantes recibían educación escolar a nivel secundaria y preparatoria, después se realizaba el “postulantado”  que culminaba con la toma de habito y “noviciado” que preparaba a los aspirantes para sus primeros votos; y finalmente el periodo de “escolasticado” en la que se  retomaban los estudios seculares, en normal o una carrera universitaria, durante estos años se renovaban cada año los votos temporales, y hasta cumplidos los 25 años y ocho renovaciones de temporales se  podían pronunciar los votos perpetuos, los escolásticos eran enviados cuando tenían la madurez suficiente para formar parte de una comunidad, donde seguían sus estudios, pero empezaban a trabajar, con el apostolado directo en los colegios)

 Y así como en una gastada película de blanco y negro, ella iba viendo como se repetían las mismas imágenes que reproducían la historia de Jor… pero la realidad era muy diferente, porque las vivencias y situaciones que a mí me tocó vivir eran totalmente diferentes, yo aborrecía el deporte, era un negado para el estudio de la música, de hecho me disgustaba la música clásica y barroca que él amaba, aunque yo tenía mis propias preferencias y tenía gran facilidad para la improvisación y la música lirica… él tenía una memoria privilegiada y a mí me costaba mucho el memorizar, yo tenía una gran creatividad y una natural capacidad para asociar los conocimientos. En fin, yo llegué a la conclusión de que debía crear una imagen de mí mismo totalmente diferente y alejada a la de mi tio, pero mi mamá no aceptaba esa realidad.


Ella trataba de acaparar mi tiempo y mi atención en cosas totalmente sentimentales, domésticas y mínimas, y tal vez no veía mi verdadera personalidad mucho más semejante a la de mi padre, que a la de mi tio… sin embargo había en ella un factor que a mí me comprometía y me marcaba camino, y eso era su deseo de total desprendimiento de mi persona y su total deseo de entregar mi vida al servicio de Dios.

Se diría que ella deseaba que en mi consagración a la vida religiosa, ella pudiera entregar su propia vida. Esta realidad generó un problema muy serio en mi personalidad, aunque ella actuaba de una manera muy inconsciente, lo único real y tangible para ella, era que todo su sacrificio al permanecer lejos de mí, fuera canalizados como su personal ofrenda al Señor.

De esa manera transcurrieron los tres años de juniorado, que coincidieron con mis estudios de preparatoria y normal en Querétaro, durante sus visitas, cada mes, yo percibía una tremenda ansiedad por asegurarse de que mi vocación no cambiaría y que todas las experiencias que yo atravesaba me iban acercando al temperamento de mi tio. Ella no pudo percibir mis verdaderos problemas de mi adolescencia y forma de sociabilización, ni mis dudas e inquietudes ni mis intereses como joven y estudiante, ni como religioso, porque ella, sin serlo, estaba conectada a un esquema de aceptación de la voluntad de Dios y de mi entrega total al servicio religioso.


El milago incómodo.

Al pasar a Morelia, en la etapa de Postulantado-Noviciado, se agigantaron sus anhelos y esperanzas de lograr de mí un buen religioso. Sin embargo en esa etapa es cuando más me dediqué a escribir cartas a ella y a mí papá esperando que al rehacer su vida de casados, yo alcanzaría una paz interior derivada del “deber ser”, es decir, no era posible que yo pudiera hacer una verdadera consagración religiosa mientras mis padres no estaban en condiciones de cumplir con las obligaciones que habían adquirido con su matrimonio… esto era demasiado grave para mí., mi vida estaba condicionada a las decisiones de ellos… y me obsesionaba pensar en el hecho de que corrigieran sus vidas, no por alcanzar su verdadera felicidad, sino por el cumplimiento de una obligación contraída bajo otras circunstancias…

El milagro se consumó y mi padre me empezó a visitar en Morelia, y en alguna ocasión coincidió con mamá, lo que derivó en empezar a hablar de todas sus cosas y en intentar lo que yo tanto había deseado… que ellos se reconciliaran. En alguna de las visitas ellos acordaron seguir sus platicas aquí México, y decidieron volver a vivir juntos.


Solo Dios puede juzgar si esta fue una buena o mala decisión, pero en lo práctico, no solucionó, pero sí complicó la vida de todos… Para que mamá pudiera vivir con él era necesario que mi abuela quedara sola, y en ese momento mi abuela estaba totalmente disminuida en sus facultades, y requería de muchos cuidados, especialmente porque su cerebro estaba dando señales de deterioro, no solo se le olvidaban cosas importantes, sino que tenía momentos de desorientación y pérdida del sentido de las cosas y del equilibrio… Mi papá alegaba que esos eran trucos de la anciana para no dejar en libertad a mi mamá, etc. etc.

 Mi padre, por otra parte acababa de tener una pequeña hija con otra mujer, pero él aseguraba que podía quedarse con esa niña y dársela en adopción a mi mamá… él atravesaba por una época de grandes triunfos, que le obligaban a tener mucho trabajo y muchas obligaciones y no podía atender a mi mamá y a su ritmo de vida.

Y yo, no entendía nada de lo que realmente estaba ocurriendo, sólo pensaba en mis votos y en que la vida era color de rosa fuera de los “problemas” de mis papás. El “problema” de mi abuela llegó a su climax dos años más adelatnte, en una accidente, ya que mi abuela y Mello fueron arroyadas por un automovilista, esta situación obligó a Estela a regresar a su casa y dedicarse a atender a su mamá.

Mientras tanto, mi vida siguió adelante, hice mi profesión religiosa y regresé a México para proseguir mis estudios en Tlalpan, el día de mi profesión, después de los dos años obligatorios, salimos de vacaciones, ese día recuerdo perfectamente que mi mamá, en el trasncurso del viaje de regreso, en el camión, me platicó muchas cosas que estaban sucediendo con su experiencia de su nueva vida al lado de mi padre…

Ella regresó a la casa de la colonia Moctezuma, en donde vivía mi papá y mi abuela paterna… mi papá sólo llegaba a dormir y desayunar, porque todo el día estaba ocupado en sus asuntos, le compró un auto nuevo a mamá, pero ella tenía que estar todo el día viajando por toda la ciudad haciendo cobros, pagos y una serie de gestiones para ayudar a papá a controlar sus negocios, el trabajo era totalmente cambiante, estresante y agotador, y además totalmente desorganizado. Mi padre tenía un temperamento muy explosivo, y exigía mucho más de lo que no hacía, así que todo mundo vivía en el temor, la simulación, el engaño y las mentiras… Maria Estela bajó de peso, y seguramente estaba muy mal en todos sentidos, yo me refugié en mis estudios en Tlalpan y no quería saber nada de lo que pasara en la Moctezuma…

El siguiente año (en mi primera renovación de votos) fuimos enviados a trabajar en los colegios, es decir fue mi primer año de dar clases como profesor. La crisis para mí fue muy fuerte porque veía muchas cosas incompatibles con toda la formación que habíamos recibido, en todos sentidos, no solo en el aspecto de vida religiosa, sino aún en las prácticas pedagógicas y el sistema educativo, yo me sentía fatal y mi mamá se percató, me envió a ver al psicólogo, y de esto se derivó que los hermanos a su vez me enviaran con el sicólogo y plantearan mi salida de la congregación.

Estela seguía aferrada a su vida al lado de Rodolfo y no tenía tiempo ni cabeza para nada y los problemas eran cada vez más serios. Yo, al salir de la congregación regresé una temporada a vivir con mi abuela, pero tenía los nervios totalmente alterados y en esos días yo vivía un verdadero infierno emocional. Tuve un gran apoyo con una prima que estudiaba Psicología y me envió a ser tratado por un siquiatra… este señor, (el doctor Pedro Valdés Alcàntara) me puso tres metas: estudiar una carrera, obtener un buen trabajo y formalizar una relación afectiva; en ese año (1976) yo ingresé a trabajar, inicié mis estudios de ingeniería municipal y me casé…

Doña María Estela tuvo que vivir todo ese dolor, generado por mi salida de la congregación y verme totalmente desquiciado mientras vivía sometida a todos los caprichos de don Rodolfo… éramos una familia de domingo, donde cada ocho días nos reuníamos los tres e íbamos a misa y a los mejores restaurantes, pero entre semana en casa todo era gritos, pleitos, incidia y fantasía.

Cuando yo me casé y fuimos a vivir a nuestro flamante departamento, encontré cierta estabilidad, pero era muy complicado porque tanto mi señora como yo trabajábamos por la mañana y estudiábamos por la tarde, eran los tiempos de las grandes devaluaciones de la moneda y la situación económica era verdaderamente angustiante.

Al poco tiempo ocurrió el accidente que obligó a mamá a dejar definitivamente a Rodolfo, yo ya era harina de otro costal y no pude intervenir ni mucho menos involucrarme. Estela tuvo que asumir sola no solo la derrota de su intento de matrimonio fallido, sino afrontar la responsabilidad de ver por su mamá y además, ella había abandonado su trabajo para irse con papá, asi que en esa temporada tuvo que volver a buscar empleo en que no había trabajo por la desmesurada y galopante inflación. Gracias a Dios encontró varios casos de personas que deseaban “pasar en limpio su tesis” y se dedicaba en tiempos libres a transcribir apuntes en máquina de escribir electrónica.

En esa temporada, cuando yo me casé, mi mamá intervino para que mi papá me ayudara económicamente con el departamento que yo había decidido comprar de acuerdo a mis posibilidades, cabe señalar que mi papá nunca estuvo de acuerdo con mi matrimonio, porque decía que yo no había vivido lo suficiente, y que esto terminaría en un fracaso.. . sin embargo mi mamá se enfrentó con valentía a Rodolfo y de alguna manera consiguió su anuencia, aunque de cualquier manera él no se presentó a mi boda, sí fue a firmar al registro civil, pero eso fue todo. Mi papá nunca nos visitó ni siquiera para conocer a su nueva nieta…

Él tampoco aceptaba que yo tuviese un trabajo ni que estudiara una carrera… todo eso era tiempo perdido y creía que en cualquier momento me podría poner a cargo de algún negocio para dejar de trabajar, y que en ese momento cualquier carrera no servía para nada… Estela tuvo que escuchar esta discusión cientos de  veces, y esto daba pie para remontarse a las viejas historias que habían motivado su separación, Rodolfo jamás aceptó que mi mamá trabajara, porque todas las mujeres empleadas que él había conocido, eran amantes de sus respectivos jefes o de algún otro patán,… así que el trabajo de la mujer, siempre era equivalente a una relación poco decente. El tenía vivo el recuerdo de su gran Patrón, que habiendo sido esposo de la hija del señor presidente, llevaba una vida disoluta al lado de las actrices de moda y nunca en su vida había tenido que trabajar, el mundo era para hacer negocios, conocer gente y disfrutar el momento…

Esa era su meta y es lo que más deseaba para mí, por eso realizaba todas las actividades que podía, esperando la ocasión de que un golpe de suerte nos convirtiera en algo así como magnates empresariales… menospreciaba a los abogados, a los ingenieros y a los médicos, y sabía que con unos cuantos centavos él podía tener a sus órdenes a cualquier persona, y al mundo bajo sus pies… 

Estela seguía soñando que un día Rodolfo cambiaría y entendería que hay un mundo de valores y rectitud. Mi actitud era de total respeto y apoyo a mi madre, y de respeto a mi padre, con unos cuantos  ”asegunes”, dentro de la sana distancia con mi papá, sabía que la sana distancia me mantendría a salvo de cualquier contaminación ideológica, y además, yo tenía lo suficiente y mucho más con mi propia preparación como profesor e ingeniero y con el trabajo con el que Dios me había bendecido.

Pero Estela no era una mujer pasiva, así como logró que mi papá me ayudara para aminorar la deuda de mi departamento, consiguió que Rodolfo abandonara la casa en que tenía su mujer en Cd Nezahualcóyotl, y lo obligó a comprar una casa en la colonia Roma, para la niña y su mamá de la niña, y forzó las cosas para que esa niña fuera inscrita en el Anglo Español (IPAE) y estudiara en un colegio donde le enseñaran la religión y los verdaderos principios morales que a él le faltaban…

Además de asumir la responsabilidad de la contabilidad de muchos de los negocios de papá, implementó sistemas de control que mi papá jamás había establecido, regularizó las cuentas con Hacienda en muchos de los casos, estableció los pagos de prestaciones para muchos de los trabajadores, y regularizó muchos de los adeudos ancestrales con contribuciones, agua luz y teléfono… tiempo después Rodolfo decía que él había logrado todo eso solo, pero la realidad es que ella fue una excelente ayuda en muchísimos aspectos de administración y control en todo ese tiempo

El nuevo rompimiento de Estela y Rodolfo

Cuando ocurrió el accidente de mi abuela, que motivó la ultima separación de ellos, Estela tuvo que aceptar  que era imposible vivir con una persona tan conflictiva, en un principio mi papá pagó los gastos de la hospitalización y las cirugías que se necesitaron para las dos ancianas (Mello y mi abuela), pero durante la convalecencia, el problema se acrecentó porque ellas tuvieron que regresar a su casa para retomar su vida, y ya no estaban en condiciones para valerse por si mismas, mi mamá tuvo que regresar a ese hogar para atenderlas de tiempo completo y en todos los sentidos, y eso fue lo que exasperó a mi papá que no entendía por qué las ancianas requirieran tantas atenciones: medicamento, visitas al doctor, idas al baño, aseo, etc. que en una palabra eran dos ancianas totalmente inválidas

Un nuevo comienzo

Meses más adelante, tuvimos la noticia de que la cigüeña nos visitaría, y del departamento de San Antonio tuvimos que cambiarnos a vivir con Estela que había acondicionado la parte alta de la casa para podernos alojar, quedando ella con sus viejitas en la parte baja de la casa de 1810… Yo lo acepté como una medida de buena voluntad temporal, de parte de ella, que se estaba prestando para darme posada y cuidar de mi esposa durante el tiempo que durara la llegada de nuestro retoño. Nosotros empezamos a tener grandes pleitos con el señor que nos vendió el departamento porque seguía haciendo obra en el edificio… asi que nos fuimos a 1810 No 22 a fines del año del 77 y en marzo del 78 nació mi Hija. 


Tres meses después, yo anuncié a mi mamá que ya nos íbamos a regresar a San Antonio… en esos días ocurrieron fuertes problemas con unos vecinos que habían rentado una casa frente a nosotros y mi mamá había quedado como aval… los vecinos eran mis primos, sobrinos de mi padre, y debido a las dificultades con el casero, decidieron destruir todo lo posible de esa vivienda antes de devolverla… inutilizaron el baño, rasparon todo el enyesado, rompieron ventanas, puertas etc… cuando yo tomé cartas en el asunto, me tuve que avocar a reparar todos los daños, en ese entonces al dueño de esa casa le ofrecieron una cátedra en Colima como profesor de ingeniería, que le interesaba mucho, por lo tanto, viendo que yo había invertido una buena cantidad en reparar la casa, me ofreció que yo la ocupara, durante un año, mientras él estaba fuera, yo era la persona más indicada porque yo mismo la había reparado y podía darle un uso que fuera compatible con la estancia de mi mamá en su casa del número 22. Así que nos mudamos del número 22 al 25 por un año.

Al terminar ese año, yo ya estaba dispuesto a regresar a San Antonio, pero entonces María Estela alegó que la casa del 22 estaba muy mal y que requería que yo realizara una serie de arreglos para que pudiera ser habitable, así que ordené lo necesario para hacer todas las reparaciones necesarias y un poquito más, así que la casa quedó como nueva, Estela hizo todo lo imposible para que nos regresáramos a esa casa y ella se mudó al 25 con sus dos viejecitas… de nuevo, tuve que adaptar la casa del 25, para que la pudiera ocupar mi mamá con mi abuela y Mello. En esta etapa mi hija ya no era una bebecita, sino una niña que requería muchísimos cuidados, en los que mamá era la principal cuidadora y este fue el motivo por el que yo accedí de manera incondicional a regresar al número 22 mientras Estela se quedó en el 25.

Fue en esa temporada cuando Mello y mi abuela fallecieron, con unos meses de diferencia, en el año 83,  mi mamá volvió a quedar sola, y después de un tiempo, fue de ahí, cuando la situación fue propicia (o Dios lo permitió) para ir a probar futuro en el convento…

Toda esa temporada, desde el 77 hasta el 84 fue por una parte una excelente compañía recíproca, mantuvimos una sana distancia y no tuvimos mayores controversias, en lo familiar se mantenía reservada en lo que se refiere a nuestra vida de pareja, y era una extraordinaria ayuda en todo lo que se refiere a mi Hija, con la que se encariñó de una manera extraordinaria. También disfruto de mis éxitos y de todos los eventos de mi vida personal, fueron los días en que terminé la carrera (en el año 80), cuando fui a España (en el 82 al congreso de ingeniería) y estuve muy enfermo de la tifoidea (del 81 al 82), cuando de nuevo regresé a trabajar y cuando presenté mi tesis y mi examen profesional (en el 84), por supuesto que ella me mecanografió mi tesis… 

La entrada al convento no fue de ninguna manera un capricho ocasional o motivado por la soledad, la amargura o la frustración, ella, en sus continuas visitas a Galeana, se le ocurrió la loca idea de plantearle a la que entonces estaba como superiora, un programa económico, según el cual, ella entregaría una pequeña aportación con la cual se crearía un fondo, de tal manera que cuando ella fuera mayor de edad y que no pudiera valerse por si misma, pudiera tener derecho a un “cuartito” y a un plato de sopa con las hermanas a cambio de que ella realizara alguna actividad como abrir la puerta o realizar el aseo de alguna sección…

La superiora, después de darse un tiempo para dar su respuesta,  le informó que de ninguna manera se podría hacer tal “convenio”, ya que si una persona vivía en esa santa casa era únicamente en condición de “hermana religiosa”, y que aunque existía personal de servicio, eran muy diferentes las condiciones y que ella no podría de ninguna forma “comprar” el derecho de ser atendida en su senectud… Sin embargo le ofreció abiertamente la posibilidad de ingresar a la vida religiosa… Estela, con una gran tristeza, se negó rotundamente, porque ella confesó que estaba casada ante la Iglesia, y que mi padre no había muerto… ¿Cuánto tiempo tienen de separados? Preguntó la superiora, a lo que ella respondió que más de 20, que yo era el único hijo, que estaba casado y que ella no tenía ninguna obligación después de la muerte de su madre y de su prima Remedios. La religiosa, le dijo que pusiera su esperanza en el Señor, y que le diera oportunidad de hablar con algún sacerdote que las pudiera ayudar, especialmente si ella tenía realmente voluntad de ingresar al convento.

Estela fue puesta en contacto con un padre asesor que le expuso la posibilidad de ser aceptada, una vez que hubiese obtenido de la sagrada Mitra, la anulación de su matrimonio eclesiástico. Le explicó que era un proceso lento y delicado y que de ninguna manera podría ser algo “seguro” es decir, que se trata de un juicio canónico, en el que se puede obtener lo solicitado o ser rechazado perder toda esperanza… asi que la envió a varias experiencias vocacionales y le dio santo y seña para que iniciara su proceso de anulación…

Este proceso terminó casi después de un año, en el cual, como en todos estos casos, se deben presentar pruebas, testigos, declaraciones etc., para poder llegar a una primera declaración, y después iniciar una segunda instancia para llegar a la resolución definitiva. Con dicha declaración hecha por la autoridad eclesiástica, se concede al cónyuge la libertad para contraer legalmente otro matrimonio, o en este caso, para abrazar la vida religiosa. Inmediatamente Estelita, hizo su solicitud para ingresar a Galeana y sr admitida como aspirante y después de un tiempo de prueba, iniciar su postulantado, recibir el hábito, hacer el noviciado y poder profesar temporalmente…

Una vez en el convento, su relación fue muy respetuosa con nosotros como familia. Del 85 al 90 una vez que yo me instalé trabajando como ingeniero, la vida fue muy rutinaria, en el sentido de que mi esposa daba clases por la mañana y atendía la casa por la tarde, mi hija iba a clases por la mañana, y yo trabajaba todo el día, y la participación de la mamá abuela ya no era necesaria.

 La ruptura de mi matrimonio

A finales del 89 se presentó una fuerte crisis familiar que no supimos superar como matrimonio, la cual culminó en la separación… es indudable que todo lo que a nosotros nos ocurrió a ella le afectó de una manera singular, sin embargo trató de no intervenir y solamente saber lo que yo le platicaba y tratar de dar un apoyo mínimo a mi condición de divorciado… Primero fue la separación física, yo abandoné la casa de 1810 en los últimos dias del año 89 y regresé a San Antonio, luego fue tratar de acomodarme a mi nueva condición, ese año fue quizá el peor de mi vida, vivía solo, casi sin muebles y tratando de evadirme por medio de alcohol, todos los fines de semana… Más tarde me recomendó la psicóloga que me atendía que ubicara en el departamento la sede de trabajo, con lo que acondicioné mis oficinas, y tenía gente desde las 8 de la mañana hasta las 10 u 11 todos los días, todos ellos eran buena compañía, pero no resolvían mi problema.

Empecé a viajar todos los fines de semana a Irapuato a la casa de mi papá y así me fui recuperando poco a poco. La hermana Socorro me visitaba de vez en cuando en mi departamento de san Antonio e inclusive llegó a ira en visita relámpago a ver a mi hija…

Fue hasta el año 2000, cuando empecé a tratar de recuperar el timón de mi vida… de hecho ya había pasado la etapa fuerte de trabajo en el proyecto del metro, y tenía que buscar nuevas perspectivas, empecé a “recortar” el personal a mi cargo y en vez de tomar asuntos relacionados a proyectos u obras, me fui concentrando en revisión de proyectos y firmas responsivas… por otra parte me fui acercando más a actividades gremialistas y del colegio, y fui abandonando esa soledad en la que me encontraba, en ese contexto se me presentó la oportunidad de casarme, aunque por lo pronto fuera solo por lo civil… en este caso estuvo muy contento mi papá, pero mi mamá nunca aceptó ni el hecho ni a la novia… esta relación duró poco y estuvo llena de fuertes imprevistos, como la muerte del tio de la novia (que era como un segundo padre para ella), la boda civil y la muerte de mi papá.  

Este periodo, en lo personal estuvo caracterizado por mucha actividad de mi parte, ya que coincidió con el tiempo en que asumí la presidencia del Colegio de Ingenieros Municipales, con salidas, reuniones y actividades que me saturaron. Ciertamente me alejé bastante de la hermana Socorro, que en realidad no estaba muy satisfecha con lo que ocurría en mi vida personal, pero nunca manifestó específicamente su molestia ni mucho menos trató de intervenir, sugerir o modificar ninguna de mis decisiones.

Yo vivía en Iztalapapa y despachaba en San Antonio, y además de los problemas de trabajo y financieros, empezó a haber una serie de dificultades con la señora… esto me hizo reaccionar y busqué terminar completamente con esa relación y todo lo que implicaba, no podía enfrentarme de nuevo a un infierno como el que había pasado diez años atrás, y no había nada que realmente nos retuviera salvo el matrimonio civil. 

La reconstrucción

Así que volví a San Antonio. Poco tiempo después apareció Tere, y decidimos empezar una nueva experiencia, fue su papá el que “forzó” la circunstancias y exigió que se celebrara una “boda”, la fiesta se realizó en su casa y comenzamos una nueva experiencia. Varios años atrás yo había iniciado el proceso para la anulación de mi primer matrimonio, por recomendación del psicólogo, pero como era de esperarse, este proceso es largo, pero a mediados de 2005 me llegó una notificación para presentarme a recibir la “sentencia definitiva”.

Yo la recibí como una gran oportunidad para reconstruir mi vida, así se lo planteé a mi compañera y esposa y decidimos reemprender así esta parte de nuestra vida. El cuatro de febrero de 2006, en la capilla de San José, dentro de la basílica de Guadalupe, pronunciamos nuestros votos matrimoniales frente al canónigo Gabriel Rodríguez, antiguo hermano marista, que habiendo recibido el orden, era parte del grupo de clérigos que atienden los servicios de la Basílica. La hermana Socorro estaba totalmente feliz y realizada por todo lo que había sucedido, y creo que hasta el último de sus días quedó agradecida a Dios y satisfecha de que yo hubiera podido remediar la terrible situación en la que me encontraba.

Entiendo que no fue por nuestros méritos, sino por la infinita misericordia de Dios, todo lo ocurrido, pero creo que también en buena parte fue gracias a los ruegos y plegarias de mi madre que habiendo ella conocido la angustia, las dificultades y peligros de la vida del ser humano en soledad (divorciado, separado o amancebado), pidió con obsesión y persistencia, la corrección de mi camino para obtener la gracia del sacramento, y al lado de una persona tan especial como mi esposa.

Por supuesto Socorrito manifestó una alegría extraordinaria con todos estos hechos, aunque jamás externó sus puntos de vista ni sus comentarios con respecto a nuestras decisiones, simplemente se dedicaba a escuchar y a guardar todas esas cosas en su corazón.

Historias del convento

Ciertamente eran muchas las preocupaciones por las que ella atravesaba y que nos comentaba como anécdotas, y la mayor parte de ellas como hechos consumados, de sus peripecias en las actividades del convento y las de ella misma dentro del convento. Quizá la historia más interesante pudo ser la de la reconstrucción de la parte del techo que se derrumbó… los techos originales de la construcción eran de “terrado” es decir, sobre un sistema de vigas de madera, se colocaba madera y sobre ésta, una capa de tierra, la tierra debía ser perfectamente seca y compactada, y sobre esa capa, predominantemente de tepetate, se aplicaba una capa de argamasa de cal y otros cementantes para dar un piso suficientemente plano y uniforme, sobre él se colocaba el enladrillado y se “lechadeaba” con una mezcla bien cargada para lograr que las juntas del ladrillo quedaran suficientemente firmes, al final se aplicaba una mezcla de alumbre y lejía para sellar perfectamente la superficie, pero a lo largo de los años, y sin un mantenimiento adecuado, y debido a las fuertes lluvias, las humedades llegaron a saturar (humedecer totalmente) la capa del terrado, hasta que el peso venció la capacidad de carga de las viejas vigas, al caer el techo de la azotea, el sistema de piso del entrepiso (piso inferior, construido con el mismo sistema) no soportó y ambos se  vinieron abajo. 

Para entender más a fondo el problema, hay que saber que todo lo construido en el convento es propiedad federal debido a que está reconocida como una propiedad “expropiada en beneficio de la nación”, ya que originalmente estuvo destinada a actividades clasificadas “de culto”; las hermanas tienen un “comodato” que es el permiso de uso y ocupación del inmueble por un tiempo limitado, con la condición de mantener en buen estado la construcción, por esa razón, todos los gastos para el mantenimiento deben ser asumidos por las hermanas… además es un inmueble “catalogado”, es decir que está bajo la supervisión de las autoridades federales (sitios y monumentos) como una construcción, con características particulares en cuanto a su historia y construcción original, por lo que tampoco es posible hacer reparaciones sin los permisos y la supervisión necesarios…

La comunidad tuvo que afrontar el gasto para la realización de los trabajos, el dinero lo fue mandando el Señor, por medio de una serie de esfuerzos de las hermanitas, la principal forma de hacerse de recursos ha sido tradicionalmente la venta de galletas, y los donativos, asi que se tuvieron que redoblar esfuerzos para producir y para comercializar las galletitas, y por otra parte hacer campaña para recaudar donativos de diversas instituciones de beneficencia…

Por una parte las hermanas tuvieron que adquirir un segundo horno, para darse abasto en la producción de galletas, y por otro lado, una de las asociaciones de beneficencia, que anteriormente se dedicaba exclusivamente a promover la restauración de obras de arte  (pintura), bajo el lema “adopta una obra de arte”, tuvo que cambiar su acta constitutiva y su lema de trabajo, para decir “adopta una obra de arte o una construcción clasificada”…

Este episodio, fue uno de los que le tocó a la madre Socorrito, y que me comentaba en sus interesantes pláticas de la vida del Convento. La madre Socorro era la principal encargada de todos los viajes con la camioneta, pero para esto, del sistema tradicional de hacer entregas “bajo pedido” empezó a buscar un sistema más productivo, es decir, compraron cajitas dd plástico transparente, y se dedicaron a visitar empresas de oficinas, donde entregaban a los oficinistas paquetes de galletitas en cajitas, que al ser a bajo costo y generalmente a crédito, aumentaron considerablemente las ventas. Por supuesto esto implicaba mayores tareas en el reparto y el control de cobros, pero eso ayudó mucho.

En una ocasión doña socorrito chocó de frente con un camión, en otra, la dichosa camioneta fue robada… le sugerí que adquirieran un vehículo pequeño y más adecuado a los viajes continuos, pero no se acomodaron, y uno de los benefactores decidió reponer con una buena camioneta… en fin, creo que hasta el último momento la hna Socorrp estuvo perfectamente consagrada a la vida del convento.

 

EPILOGO

Dios siempre sale al encuentro, como lo que ocurrió con Pablo… y asi también, existen una cantidad innumerable de opciones, exigentes y dinámicas en la vida de cada uno de nosotros. Retomando el caso de Pablo, debemos entenderlo como un judío practicante, profundamente preparado y decidido a luchar por su propia fe, es decir, por su manera de entender la religión y su propia relación con Dios; Saulo toma la opción de perseguir a los cristianos de Damasco, y en el camino aparece la luz, el mismo Jesús lo tira del caballo y le interrumpe su camino… al quedar ciego, pudo haber tomado muchas decisiones: tal vez regresar a Jerusalem, buscar a otro fariseo convencido de la fe judía que lo rempace y seguir adelante, esperando recuperar la vista…

Pero es un hecho que Saulo sigue adelante y busca a alguien que lo oriente dentro del cristianismo… y es entonces cuando se opera la verdadera conversión, no es la caída del caballo sino la catequesis que le brinda un viejo discípulo Ananìas, … Pablo recupera la visión y transforma su fe, pero ese hecho le hace cambiar de rumbo… y así continúa reinterpretando la escritura y dándole un nuevo sentido a su existencia… tendrá que convencer a los judíos cristianos que él ha cambiado, y asimismo deberá convencer a sus hermanos judíos, que en Cristo se cumplen todas las promesas mesiáncas… no creo que en la historia de las religiones haya habido un hombre con mayor contraste de fe. Ni con mayor claridad en entender que su misión estaba en la predicación de un Cristo resucitado.

Y frente a ese magnífico gigante, o a su lado aparecen uno a uno todos los casos de las historias de los grandes paladines de la vocación, que hemos llamado “santos”.  Es desgarrador imaginar las historias de los mártires que tuvieron que decidir entre una muerte espantosa y sangrienta o la simple renuncia a una creencia que muy pocas veces parece sustentada por la razón…pero además, la mayoría de los casos las historias son totalmente ajenas a nuestra circunstancia…el hecho de elegir a Cristo en nuestro caso no implica ser capturados por los soldados romanos y ser devorados por los leones en el circo, pero siempre trae consigo unas consecuencias graves y complejas, exige un gran sacrificio y una entrega total, pero da la paz interior y el encuentro con el sentido de la vida… Más cercano a nuestra historia nacional, tenemos todos los mártires cristeros, pero hoy el gobierno no envía al ejército a agarrar curas para colgarlos de los árboles… son contextos muy diferentes.

El caso del soldado que regresó a Asis, después de haber ido a la guerra y estar prisionero por un año, es impresionante… él también escucha la voz del Cristo en las ruinas de San Damián, invitándolo a reparar su iglesia… el enfrentamiento con todo lo razonable es evidente, y está materializado con su padre… el papá no le pide otra cosa que “sea razonable”, no se puede ir por el mundo ir por ahí, trabajando de gratis y pidiendo limosna… tampoco se puede vaciar las bodegas para darle ropa y alimentos a los menesterosos… Francisco decide tomar la opción de depender al cien por ciento de su Padre de los cielos, y abandona todo en una pobreza total… que de ninguna manera lo hace ser un menesteroso… y de esa opción, se derivan una serie de opciones que lo llevarán cada vez más a un situación de soledad y de pobreza, pero a la vez a un encuentro más claro y definitivo…  Lo mismo le ocurre a Clara, y a la pequeña Colette, al gran Gaetano y a muchos otros, pero lo más interesante no son las historias o los datos biográficos, lo más interesante son las decisiones que se toman y cómo, sobre esa opción Dios se vuelve a poner enfrente, una y otra vez con una serie de opciones para trazar con perfección un camino único y maravilloso. 

La historia de cada uno de nosotros es especial, se resume siempre en una serie de opciones, y a pesar, muy a ´pesar y a sabiendas que nuestras decisiones muchas veces no son las mejores, volvemos a enfrentarnos a la voz de la “llamada”, no por nuestros méritos, sino por el inmenso amor que Dios nos tiene, ahí está la misericordia de Dios, invitándonos bajo una nueva plataforma siempre renovada, a responder con un SI a las oferta de vida actual y definitoria. El caso de Socorro pudiera sonar patético… pero es real, un ejemplo claro de lo antes expuesto:

Estela, en su primera opción de vida, creyó en el amor y en las promesas de un hombre, y por ese hombre dejó todo y empezó una historia diferente de la de su hogar materno. El enorme amor a Rodolfo, fue un hecho imposible de negar, durante toda mi vida, pude verificar ese particular cariño que siempre iluminó su recuerdo… ella hablaba de mi papá no solo con cariño y respeto, sino con palabras que invitaban a amarlo y a reconocer en él a una gran persona, cuando yo lo comencé a tratar conscientemente, aproximadamente a los 18 años, me fue muy fácil reconocer muchas de las historias que mi madre ya me había contado, sabía muchos detalles de su vida, los nombres de parientes, familiares y amigos, pero sobre todo reconocer en él a un hombre especial, con ciertos defectos, pero lleno de hermosos sentimientos. Ella siempre buscó que se restableciera la relación entre él y yo, e hizo lo imposible por trasmitirme el gran amor que ella le tuvo. Siempre me preguntó por él, y aún estando en el convento, siempre manifestó el amor a esa persona que había amado tanto, el día que él falleció, ella decía que sintió su presencia cuando estaba frente al Santísimo, orando precisamente por su salud.

De ese amor surgió la vida, y de esa manera tuvo que cambiar su propia vida, y decir sí a la enorme responsabilidad de la maternidad, se consagró al trabajo de oficina, como empleada, y a la educación de su hijo (yo mismo).  Vivimos en ocho domicilios diferentes, por diversas causas, especialmente económicas que implicaron mudanzas  y de su limitado sueldo se proveían todos los gastos de mi abuela, la tia Mello, ella misma y yo.

Nunca tuvimos lujos ni comodidades, pero vivíamos con mucha alegría, relativa tranquilidad y continuo esfuerzo de su parte, el coche se adquirió hasta 1966, y la tele hasta 1968… era una persona metódica y reservada, muy cuidadosa de las fechas importantes, muy respetuosa y diligente. Llevaba cuentas de todos sus gastos, planeaba sus compras y hacía rendir el dinero para que en la casa jamás se sintiera una falta de recurso. Era escrupulosa para pagar sus deudas, las rentas y todos sus compromisos, y asimismo en hacer sus oraciones, su horario de actividades y llevar nota de todos los eventos importantes, su actividad más importante, según lo que ella misma decía era poder acompañarme por las tardes para que yo hiciera mi tarea, nunca me ayudaba de manera directa, simplemente se sentaba enfrente y veía que yo no tuviera interrupciones, cuando ya mis tareas eran más complicadas, por ejemplo, yo le dictaba en la máquina de escribir o me ayudaba a recortar o a pegar alguna ilustración, pero nunca opinaba ni sugería cosas, y si había algún error, ella dejaba que el error se fuera en la tarea para que yo recibiera directamente la corrección de mi maestro… Invariablemente todos los domingos la principal actividad era nuestra misa, y durante muchas temporadas, cuando podíamos, asistíamos diario a la iglesia, si por las mañanas a misa, si por las tardes al rosario o a la bendición con el Santísimo.

 

 

 

 

Pero cuando su vida al fin iba viento en popa, cuando ya había alcanzado la estabilidad económica y social, dejó de nuevo todo, para regresar a su compromiso como esposa y como pareja de aquel hombre al cual había jurado amor y fidelidad… pero las circunstancias eran ya muy diferentes; luchó por apoyar a su marido, en las condiciones reales en las que él se encontraba y en las que si bien, él había logrado alcanzar una solvencia económica considerable, se encontraba en una gran miseria moral y espiritual, y de esa manera ella se involucró en resolver las obligaciones que él había contraído… no se detuvo para asegurar casa y educación a la hija y la familia de Rodolfo, y aceptó sin cortapisas, todas las consecuencias y limitaciones de quince años de separación y las humillaciones de su vida en la casa de la colonia Moctezuma…

Pero Dios, de nuevo le puso enfrente la urgencia y necesidad de atender a su madre convalesciente… El accidente de mi abuela fue una señal muy controvertida.

Estela tuvo la oportunidad, como ocurre en una infinidad de casos, de abandonar a su madre anciana y enferma, pero también fue la oportunidad de dejar ese mundo de fantasía en el que se movía Rodolfo. Dios la premió entonces con esos días maravillosos en que pudo disfrutar y cuidar a su madre enferma, de cuidar a su nieta, y de vivir de cerca  la presencia de mi familia recién formada.

Así cerró el ciclo, a la muerte de sus dos ancianitas, y empezó a buscar una infinidad de actividades, nunca en mi vida vi a mi mamá tan activa como esa temporada, en la que por todos lados encontraba actividades de servicio, conseguía asilo para gente mayor, resolvía problemas de vivienda, conseguía dinero para gente más necesitada, etc… y fue la época en que mayormente se relacionó con el convento, al cual servía con una diligencia impresionante…

Esa temporada sirvió para realizar todos los tramites que le pedía la Mitra para la anulación de su compromiso religioso con Rodolfo y poder ingresar a la vida conventual. El día llegó y empezó una nueva etapa de su existencia… Su enorme terror era que no pudiera soportar la vida religiosa y que tuviera que echar marcha atrás, pero eso no ocurrió, gracias a tanto tiempo que convivió con las hermanas, conocía con gran precisión el sistema de vida de Galeana y el Señor y nuestra Madre celestial le concedieron el don de la perseverancia.

Quiero señalar que al ingresar al convento ella donó un hermoso cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ese cuadro siempre estuvo en la recámara de nuestra casa, asumo, por sus dimensiones poco fuera de lo común para una vivienda popular, que ese cuadro llegó a la casa en tiempos de la persecución… y ahí se quedó formando parte del inventario familiar, hasta que ella decidió donarlo. La bella imagen de la virgen tiene muchos rasgos de un icono griego incluyendo letras griegas, y a los angelitos que le presentan a Jesús los clavos y la cruz, también a ese mismo Jesús parece que se le está cayendo una sandalia… ella me explicaba que en esa sandalia estábamos todos, que aparentemente se  va caer, pero que la buena madre, no permite que esto suceda… la devoción a la virgen del Perpetuo Socorro fue algo muy personal y particular por parte de Estela, por eso al abrazar la vida conventual, la Señora del Cielo le regaló su bello nombre, en la religión, cambió su antiguo “María Concepción Estela”, y vino a ser “la hermana Socorro…”   

Para cada época de su vida Estela tuvo una vocación diferente, un llamado y una respuesta muy concreta. Nunca creyó ni consideró estar en una situación definitiva, o en condición superior, no tuvo oportunidad de obtener recompensa ni tranquilidad, su respuesta fue directa y acorde a las necesidades cambiantes que le rodeaban con la consigna de la caridad en primer lugar. Por la fe, entendemos que todas esas necesidades fueron la voz del Señor que la llamaba a nuevos horizontes, a nuevos derroteros donde su misión se hacía algo concreto y se encontraba de manera singular y sencilla con la voluntad del Padre.

Su actitud de servicio era algo que brotaba de su interior, con un afán, una valentía y una convicción de que estaba haciendo lo correcto… pocas veces vio por sí misma o por sus gustos y necesidades, siempre compartió hasta los más mínimos detalles, y buscaba en cada momento, apoyar a las causas de los demás… Como buena administradora, siempre racionaba sus recursos, haciendo una repartición en donde todos resultaran contentos y beneficiados, muchas veces a costa de sí misma. Toda su vida tuvo que sobrellevar su fuerte carácter, que la inflamaba de irritación, aún por las fallas más simples de ella misma o de las personas que la rodeaban.

Pido disculpas por las enormes deficiencias de estos comentarios, seguramente sesgados por mi propia visión de hijo… agradezco a todos los que la conocieron todas sus atenciones y todo el cariño con  el que colmaron su vida de alegría y quedo a sus órdenes para cualquier aclaración o corrección

 

Jorge de Jesús Aurelio.

CDMX febrero de 2022

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